Mes: mayo 2026

Obituario: Tony Stella

Antonio «Tony» Stella (Abril 12, 1954; Italia – Mayo 6, 2026) se convirtió en una de las figuras más reconocibles y admiradas del arte contemporáneo en la creación de pósteres cinematográficos gracias a una obra profundamente influenciada por el cine clásico, la ilustración tradicional y la nostalgia de la era del VHS.

La muerte de Tony Stella deja un vacío extraño y difícil de explicar en el cine contemporáneo. Mundialmente conocido, no era director, ni actor, ni productor. Sin embargo, para miles de aficionados, coleccionistas y amantes del celuloide, Stella había conseguido algo que muy pocos artistas modernos lograron: devolver a los carteles de cine la sensación de acontecimiento. Sus ilustraciones no eran simples materiales promocionales; eran puertas de entrada a una película, promesas visuales de violencia, aventura, misterio o melancolía. Cada trazo parecía pintado por alguien que todavía creía que el cine debía sentirse grande.

Stella construyó una reputación casi legendaria dentro del circuito cinéfilo internacional gracias a sus composiciones pintadas a mano, inspiradas en la era clásica del póster ilustrado. Mientras Hollywood abrazaba diseños digitales impersonales y montajes fotográficos repetitivos, él reivindicó la pintura, el dramatismo cromático y la composición clásica heredera de artistas como Drew Struzan y Robert McGinnis.

Su obra quedó ligada especialmente al rescate del cine de culto. Stella colaboró con editoras como Arrow Video, Severin y Vinegar Syndrome, responsables de restaurar clásicos olvidados del terror, el polar italiano, el cine de artes marciales y el spaghetti western. Entre sus trabajos más celebrados estuvieron las ilustraciones para ediciones de Hard Boiled, The Killer, Sorcerer, 3:10 to Yuma o las colecciones de cine policíaco italiano de los años setenta.

También dejó su huella en el universo de Indiana Jones, realizando ilustraciones promocionales que muchos aficionados consideraron más memorables que buena parte de la campaña oficial de la película.

Una de las grandes paradojas de Tony Stella era su condición casi fantasmal. Aunque su estilo era reconocible al instante, él evitaba exponerse públicamente. Muchos admiradores conocían sus pinceladas antes que su rostro. Apenas concedía entrevistas y rara vez se fotografiaba. Prefería que la atención recayera sobre la obra y no sobre la figura del artista. Esa actitud alimentó cierta aura de misterio alrededor de su persona, especialmente en redes sociales, donde comenzó a compartir ilustraciones en Tumblr, Twitter e Instagram mucho antes de convertirse en un nombre reverenciado dentro del coleccionismo cinematográfico.

Desde niño desarrolló una obsesión por las películas. Como muchos jóvenes de los años ochenta, creció entre las grandes salas de cine y el auge del formato VHS, experiencia que marcó profundamente su sensibilidad artística. Después de ver una película, sentía la necesidad de seguir habitando ese universo, por lo que comenzó a dibujar escenas y personajes, además de crear sus propias portadas para decorar su colección de videocassettes. Fue entonces cuando descubrió a artistas legendarios del cartel cinematográfico como Renato Casaro, cuya influencia sería fundamental en su estilo.

Su pasión por el cine era enciclopédica. En podcasts especializados podía hablar durante horas sobre películas japonesas de samuráis, thrillers italianos, westerns europeos o las aventuras clásicas de James Bond. Tenía una devoción particular por la etapa de Sean Connery como Bond, y quienes le conocieron recordaban que discutía sobre cine con la intensidad de alguien que todavía veía cada película como una experiencia transformadora.

Durante décadas trabajó en silencio, creando una enorme colección personal de más de 600 carteles pintados a mano que prácticamente nadie había visto. Todo cambió alrededor de 2013, cuando comenzó a publicar sus obras en redes sociales. La reacción fue inmediata: comunidades cinéfilas, podcasts especializados y coleccionistas comenzaron a difundir su trabajo hasta convertirlo en un fenómeno dentro del circuito del arte alternativo cinematográfico.

Ese reconocimiento le permitió participar en proyectos de alto perfil, incluyendo el póster del 50 aniversario de The Great Silence, dirigida por Sergio Corbucci, así como nuevas ediciones musicales y cinematográficas relacionadas con obras de William Friedkin.

También circulan numerosas anécdotas sobre su extrema dedicación al detalle. Algunos distribuidores afirmaban que Stella podía rehacer una composición entera simplemente porque consideraba que la inclinación de una pistola o la sombra sobre un rostro no transmitían correctamente “la energía” de la película. Justin LaLiberty, de Vinegar Syndrome, confesó que recibir un correo suyo era siempre emocionante porque sabía que encontraría una ilustración “capaz de venderte una película antes incluso de verla”.

Uno de los rasgos más distintivos de su trabajo era la libertad creativa con la que reinterpretaba películas clásicas. Sus diseños evitaban repetir elementos icónicos ya establecidos y preferían explorar emociones, personajes secundarios o aspectos menos evidentes de la narrativa. Stella solía regresar varias veces a una misma película a lo largo de los años, creando nuevas versiones conforme cambiaba su percepción de la obra.

Su proceso creativo era intuitivo y espontáneo. No realizaba bocetos previos y prefería trabajar directamente sobre la pintura, dejándose llevar por una escena, una iluminación o una emoción específica. Utilizaba acuarela, tinta e ink wash, técnicas que reforzaban el carácter artesanal de sus composiciones. Posteriormente incorporaba ajustes digitales mínimos, procurando nunca perder la textura y la sensación manual de la obra original.

Otra curiosidad que definía su personalidad era su rechazo frontal a la estética generada por inteligencia artificial y a la homogeneización visual del marketing moderno. Stella defendía la imperfección de la pintura manual, las texturas visibles y la composición artesanal como parte inseparable del lenguaje cinematográfico. Para muchos aficionados jóvenes, sus trabajos sirvieron como descubrimiento de toda una tradición perdida del cartelismo pintado.

Otra influencia esencial en su carrera fue el cine japonés. Stella señaló en varias ocasiones que su película favorita desde la infancia era Los Siete Samurais de Akira Kurosawa, obra que despertó en él una fascinación permanente por la estética japonesa, especialmente por la pintura a tinta y la caligrafía oriental. Esa sensibilidad puede apreciarse claramente en muchos de sus trabajos más minimalistas y expresivos.

Su fallecimiento provocó una oleada inmediata de homenajes en la comunidad cinéfila internacional. Artistas, coleccionistas y distribuidores coincidieron en la misma idea: Tony Stella había logrado recordar al público que un cartel podía ser una obra de arte por derecho propio.

Con él desaparece uno de los últimos grandes románticos del cine físico y del arte promocional entendido como creación auténtica. Pero quedan sus imágenes: héroes agotados bajo cielos rojos, detectives cubiertos de humo, pistoleros iluminados por neones sucios y rostros endurecidos por la violencia del celuloide. Carteles que no solo anunciaban películas. Las hacían parecer eternas.

Obituario: Tony Stella
Ichi the Killer (2001) Takashi Miike
Obituario: Tony Stella
Indiana Jones y el Templo Maldito (1984) Steven Spielberg
Obituario: Tony Stella
Obituario: Tony Stella
El Gran Silencio (1968) Sergio Corbucci
Obituario: Tony Stella
Taxi Driver (1976) Martin Scorsese
Obituario: Tony Stella
Logan (2017) James Manglod
Obituario: Tony Stella
Le Samouraï (1967) Jean-Pierre Melville
Obituario: Tony Stella
Por un puñado de dólares (1964) Sergio Leone
Obituario: Tony Stella
La strada (1954) Federico Fellini
Obituario: Tony Stella
Ran (1985) Akira Kurosawa
Obituario: Tony Stella
Hard Boiled (1992) John Woo
Obituario: Tony Stella
Godzilla vs. Destoroyah (1995) Takao Okawara
Obituario: Tony Stella
Seppuku (1962) Masaki Kobayashi
 
Obituario: Tony Stella
Puños de Furia (1972) Lo Wei
Obituario: Tony Stella
Bastard Swordsman (1983) Chun-Ku Lu
Obituario: Tony Stella
El Imperio Contrataca (1980) Irvin Keshner
Obituario: Tony Stella
Golpe en la Pequeña China (1986) John Carpenter
Obituario: Tony Stella
Conan el Bárbaro (1982) John Milius
Obituario: Tony Stella
A Better Tomorrow (1986) John Woo
Obituario: Tony Stella
Harry el Sucio (1971) Don Siegel
Obituario: Tony Stella
La Forma del Agua (2017) Guillermo del Toro
Obituario: Tony Stella
The Killer (1989) John Woo
Obituario: Tony Stella
Godzilla Minus One (2023) Takashi Yamazaki

Breve Historia Desconocida: De Indios y Doblaje

La presencia de nativos americanos en el cine se remonta al año 1894, cuando la compañía cinematográfica de Thomas Alva Edison filmó a miembros del espectáculo Wild West de Buffalo Bill en su estudio Black Maria en Nueva Jersey. Estas películas, de apenas unos segundos o un minuto, están consideradas como algunas de las primeras de temática western. Las películas de Edison, dirigidas por William K.L. Dickson mostraron actuaciones reales de los participantes del circo de William F. Cody, incluyendo nativos americanos bailando y exhibiciones de tiro. También filmó a la famosa tiradora Annie Oakley, exhibiendo su puntería

Las imágenes de los nativos causaron gran expectación, pero se daba la circunstancia que tan solo cuatro años antes se había producido la masacre de Wounded Knee. En aquel enfrentamiento el regimiento del 7º de Caballería estadounidense abrió fuego contra un campamento de siux, asesinando a noventa hombres y doscientas mujeres y niños que se habían rendido previamente, la acción se justificó alegando que no querían entregar las armas. Así, de este modo, la aparición en pantalla de los nativos americanos en el cine coincidió en el tiempo con las últimas masacres de indios cometidas con el gobierno de EEUU.

La invención del doblaje cinematográfico se remonta al año 1928 y se atribuye a Edwin Hopkins y a Jacob Karol. The Night Flyer (1928) Walter Lang, fue la primera película de la historia que se dobló, y fue al alemán.

Breve Historia Desconocida: De Indios y Doblaje
Programa del Cine Dore

La primera película sonora estrenada en España fue La Canción de París (1929) Richard Wallace, protagonizada por Maurice Chevalier (sólo estaban sonorizadas las canciones interpretadas por Chevalier, pero los diálogos venían en original), el 19 de Septiembre de 1929 en el cine Coliseum de Barcelona, que fue el primer cine español en instalar los equipos de sonido de Western Electric.

The Night Flyer (1928) Walter Lang
The Night Flyer (1928) Walter Lang

La llegada del cine sonoro marcó un gran revés para los estudios de Hollywood, el corazón de la industria norteamericana. Sus exportaciones a países de habla no inglesa corrían un gran peligro; el público no aceptaba la inserción de los subtítulos sobre las imágenes, y las recaudaciones caían en picado. Todos los estudios, encabezados por Warner y Paramount, se agruparon encontrar la manera de frenar aquella debacle.

Se barajaron varias soluciones. Una de ellas fue la del doblaje, pero, en aquel momento, la técnica de sonorización no ofrecía suficientes garantías de calidad, como se había comprobado al intentar doblar la voz de algunos actores del cine mudo que no conseguían adaptarse al sonoro. La fórmula que eligieron resultaba muy costosa, pero confiaban en que, con el tiempo, resultaría rentable y les permitiría seguir manteniendo la supremacía en la producción de películas.

Se trataba de rodar varias versiones de algunas películas. Primero se realizaría la versión en inglés y, luego, usando los mismos platós, se aprovecharían los decorados, el atrezo, el vestuario, etc., y se rodarían las otras versiones, traduciendo y adaptando el guion a cada idioma. La clave estaba en contratar equipos de actores, actrices y guionistas-adaptadores de Francia, Alemania, Italia y España. En este último caso, se contaría también con profesionales de países americanos de habla hispana.

El equipo español que inició esta aventura lo encabezaba el guionista y director Edgar Neville. En el grupo de intérpretes estaban Juan Torena, Ángeles Benítez, Carlos Villarías y María Calvo, quienes, entre otros papeles, encarnaron a los principales personajes de El valiente (1929) William K. Howard, película que en inglés habían protagonizado Paul Muny y Edith Yorke.

Aquella idea brillante para los ejecutivos de los estudios, fracasó estrepitosamente, tanto en Europa como en Hispanoamérica. El público quería ver en la pantalla a las grandes estrellas de Hollywood, y consideraba que le estaban tangando. En España, este problema se veía agravado por el hecho de que, aunque el idioma que se oía era el nuestro, estaba mezclado con los peculiares acentos de
los actores hispanoamericanos.

A título de prueba, en 1929 se llevó a cabo en Hollywood el primer doblaje en castellano, solo que todos los actores que intervinieron eran sudamericanos. Río Rita (1929) Luther Reed, fue la película elegida, y aunque en España tuvo una pésima acogida, en el continente americano causó sensación. Tanto que sentó las bases para encontrar la solución definitiva. Aunque, realmente, la primera película que se exhibió doblada fue Desamparados (Derelict) (1931) Rowland V. Lee, estrenándose a finales de 1931 en el Cine Savoy de La Coruña.

Río Rita (1929) Luther Reed
Río Rita (1929) Luther Reed

Se volverían a contratar a varios equipos artísticos de diversos países para llevar a cabo los correspondientes doblajes. Pero, en esta ocasión, el centro de operaciones sería en Europa, los primeros doblajes en castellano se hacían en Des Reservoirs en Joinville-le-Pont, cerca de París, propiedad del estudio Paramount.

Así, en el año 1931 procedentes desde España acudieron a la cita parisina, entre otros actores y
actrices; Irene Guerrero de Luna, Manuel de Juan, Félix de Pomes y Paz Robles. Al frente de la expedición iba el ya prestigioso director Luis Buñuel, quién dirigió los ensayos para hacer ese primer doblaje. La primera película que se dobló al castellano con un reparto exclusivamente de actores españoles fue Entre la espada y la pared (1932) Marion Gering, con Gary Cooper de protagonista.

La experiencia resultó ser todo un éxito, y a los distintos equipos artísticos se les amplió el contrato para que siguieran trabajando en París hasta que sus respectivos países estuvieran en condiciones de realizar los doblajes.

Entre la espada y la pared (1932) Marion Gering
Cartel original de Entre la espada y la pared (1932) Marion Gering

Entre 1933 y 1934 aparecieron los primeros estudios de doblaje en España. En Madrid destacaron Fono España, con el italiano Hugo Donarelli al frente, y Cinearte-Iberson. En este estudio también se rodaban películas. En Barcelona, Metro-Goldwyn-Mayer fue pionera, junto a Trilla-La Riva y Acústica.

Durante aquellos años el volumen de trabajo de la Metro superaba a todos los demás estudios, pues no sólo doblaba las películas de su estudio, sino también las de otros estudios norteamericanos y coproducciones europeas. Además, el estudio de la Metro tenía algo peculiar que lo diferenciaba
del resto: sus grandes estrellas mantenían las mismas voces en todas sus películas dobladas en España. Esto era posible gracias a que tanto los estudios de la Metro en Hollywood, como su estudio de doblaje en Barcelona, tenían contratados unos extensos y variados equipos de actores.

Así en los doblajes en aquellos tiempos, Clark Gable tenía la voz de Rafael Luis Calvo; Judy Garland, la de Elsa Fábregas; Spencer Tracy, la de José María Ovies; Ethel Barrymore, la de Carmen Robles;
James Steward, la de Fernando Ulloa; Gene Kelly, con la de Víctor Ramírez; Barry Fitzgerald,
era doblado por Julio Alimany, entre otros.

La mayoría de los estudios de cine de Hollywood tenían sus delegaciones en Barcelona, y sus films se doblaban allí. Sin embargo, algunas de sus “películas estrella” encabezaban lotes donde se incluían otras películas menos comerciales, y se ofrecían al mejor postor, sobre todo a distribuidores independientes. Por su parte desde Madrid sus estudios de doblaje ya ostentaban la primacía en el doblaje de films europeos.

Para el periodo de entreguerras el doblaje ya se había asentado y era un negocio seguro, sobre todo para el omnipotente Hollywood. Artísticamente, suscitó protestas entre sus detractores, que reclamaban poder oír la voz original de los actores, que se perdían por el doblaje.

Hollywood no tardaría en verse afectado por los conflictos bélicos; primero por la Guerra Civil española,
y luego por la II Guerra Mundial. En 1936, España, prácticamente dejó de importar y doblar películas. Durante y después de la contienda, Alemania había ofrecido a nuestros cineastas la utilización de los estudios que la Universum Film Ag, conocida como UFA, tenía en Berlín, y allí acudieron en más de una ocasión a rodar películas y documentales.

Tras la Segunda Guerra Mundial, España dejó temporalmente de importar cine de los países aliados, aunque pronto retomó su entrada por la influencia económica de Estados Unidos. En este contexto, el doblaje se consolidó como práctica habitual, favorecido por una orden (no oficial) de 1941 que prohibía la exhibición de películas en versión original. Esto respondía a un interés del Estado: controlar los contenidos, mantener una fuente de ingresos estable y ofrecer al público una vía de evasión. Además, se prohibieron específicamente las versiones originales en catalán y euskera, reforzando la uniformidad lingüística y política.

En cualquier caso, esto desmiente a los que sostienen que el doblaje fue cosa del Generalísimo Franco, al que se achacaba su desconocimiento de idioma inglés. Realmente lo que sí hizo el Régimen fue utilizar el sistema de doblaje para censurar las películas. Si ya lo venía haciendo cortando escenas o, simplemente, prohibiendo toda una película. Ahora tenía otra arma a su servicio para
modificar los diálogos.

Lo que llevaría a situaciones esperpénticas como el doblaje de Mogambo (1953) John Ford, en donde el personaje de Clark Gable tenía un inocente romance con Grace Kelly, casada con el personaje interpretado por Donald Sinden. Para hacer desaparecer un posible adulterio, el censor convirtió al matrimonio en hermanos dando como resultado que lo aparecía en la película era un posible incesto. O como ocurrió con el film Arco de Triunfo (1947) Lewis Milestone. Donde en una escena a Ingrid Bergman se le pregunta si el caballero que la acompaña es su esposo. Ella realiza un gesto de negación bastante explicito con la cabeza mientras que sus labios profieren un «sí» en la versión doblada al castellano.

Los efectos de la censura también se dejaron ver en Casablanca (1942) Michel Curtiz. Esta obra mítica contiene muchos cambios realizados por el doblaje. En cuanto a los hechos por la censura se cambia el pasado de Rick (Humprey Bogart) que cuenta que participó en la guerra civil española con el bando republicano. El doblaje franquista no podía permitirlo y lo altera diciendo que luchó contra la anexión de Austria por los nazis. En 1983 se hizo un redoblaje en el que se dejó de ocultar ese dato del pasado de Rick aunque no se arreglaron otros errores que todavía continúan.

Mogambo (1953) John Ford
Mogambo (1953) John Ford

En 1947 se realizó el que, todavía hoy, es considerado el gran doblaje español de la historia: Lo que el viento se llevó (1939) Victor Fleming, George Cukor, Sam Wood. Se realizó en los estudios de la Metro Goldwyn Mayer y, con la técnica actoral llevada a cabo, marcó una línea a seguir por el resto de los estudios.

Durante mucho tiempo, en España se escucharon las películas con doblaje latino porque las condiciones laborales de los actores de doblaje eran precarias. Así títulos de Disney como La Sirenita, La Bella Durmiente y La Cenicienta son ejemplos de películas que tardaron muchos años en ser dobladas al castellano de España. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, la industria del doblaje en España adquirió poder y hoy es reconocida como una de las mejores del mundo.

Y qué tienen que ver los indios con el doblaje en España.

En muchos wésterns estadounidenses, en su versión original, los pueblos indígenas aparecen hablando español. Esto se explica porque numerosas de estas historias se sitúan en territorios que pertenecieron al México colonial o que fueron previamente ocupados por España antes de pasar a manos de Estados Unidos. Debido a este concepto, el cine mantuvo la idea de que los nativos utilizaban la lengua de esos antiguos dominadores. De hecho, figuras históricas como Gerónimo empleaban el español; se sabe que relató su autobiografía en este idioma a un militar estadounidense que luego la tradujo al inglés.

No obstante, es probable que muchas tribus cercanas a la frontera mexicana usaran el náhuatl como lengua común durante la época colonial. Este idioma llegó a funcionar como lengua franca y fue reconocido por los españoles en amplias regiones que hoy abarcan México, el sur de Estados Unidos y parte de Centroamérica. Además, estaba vinculado a grandes civilizaciones mesoamericanas y forma parte de la familia lingüística yutoazteca.

Es en este contexto donde encontramos un ejemplo significativo dentro del doblaje al español. Fort Apache (1948) John Ford, durante el metraje de la película hay una escena, donde un destacamento de soldados van a hablar con los indios, que hablan español ya que son de una tribu de Nuevo México, mediante un intérprete. Llevan con ellos a un traductor mexicano (interpretado por Pedro Armendáriz). El jefe indio habla español y el traductor se lo traduce a los soldados al inglés. Sin embargo, cuando tuvieron que realizar el doblaje al castellano, esta diferencia lingüística desaparecía, generando incoherencias.

En un intento para resolver este problema, los adaptadores decidieron crear un lenguaje artificial que diferenciara a los personajes para mantener el conflicto lingüístico con los soldados. Así nació el llamado “español indio” de las películas, un recurso que permitió mantener el sentido de la escena y que, con el tiempo, se convirtió en una convención habitual del doblaje de wésterns en España.

Fort Apache (1948) John Ford
Cartel japonés de Fort Apache (1948) John Ford