Mes: enero 2015

Size Comparison chart of Science Fiction Spaceships

German artist Dirk Loechel just completed a geektastic project that he began working on over a year ago. Behold the awesome and exhaustively-detailed glory that is Loechel’s Size Comparison chart of Science Fiction Spaceships. The full-size chart measures 4,268 x 5,690 pixels and contains so many ships that, every time we start looking for a specific vehicle, we get distracted by countless others. Most of the ships are grouped by franchise. He also included the ISS at the top (in a yellow box to the right of the title) to help provide a sense of real-life scale.

And before anyone gets upset about the absence of enormous spacecraft such as the Death Star or Halo’s CSO-class supercarrier and small ships like TIE fighters or X-wings, please note that, for reasons of image quality and organization, the chart only includes ships measuring between 100 and 25,000 meters long. Loechel also has an excellent explanation for why there’s no TARDIS on the chart either, saying that it’s both too large AND too small to be included. We rather like that.

Click here to view the chart in all its full-size glory.

The chart is not being offered for sale. Instead Loechel encourages fellow sci-fi enthusiasts to simply go ahead and print out a poster-size version for themselves.

[via Nerd Approved and The Mary Sue]

Vademécum de Her Doktor: El caballero del dragón (1985)

Vademécum de Her Doktor: El caballero del dragón (1985)

Es una de las películas más caras del cine español, fue un fracaso estrepitoso que no recaudó ni la mitad de lo que costó. Al contar con un reparto internacional, la película se estrenó, a destiempo, en gran parte del planeta, siendo un fracaso en todos los lugares. En 1993 la película pasa a ser de dominio público, lo que hace que se edite en los Estados Unidos por varias productoras (aunque de manera legal), consiguiendo una galería de carátulas a cual más delirante, destacando una en la que, para aprovechar el protagonismo de Klaus Kinski, roba una imagen de la película “Aguirre, la cólera de Dios” en la que él aparece, la colocan al lado de la nave espacial y se inventan un dragón mecánico.

Director: Fernando Colomo

Nacionalidad: España

Por fin he visto “El caballero del dragón”. Era una película que sabía que existía y no recordaba si la había visto en mi niñez o no. La sensación que sí tenía es que era chunga y prueba de ello son los numerosos blogs que la ponen a la altura del betún.

La historia es una mezcla del mito de San Jorge y “Un astronauta en la corte del Rey Arturo”, y con esto no desvelo nada, porque si algo tiene esta película es falta de emoción, misterio o clímax. La historia va de una princesa pusilánime y tontalaba pero muy buscona (María Lamor) que se enamora tontamente de un Ziggy Stardust enlatado (Miguel Bosé!!) que viene con una especie de nave hecha con las piezas más roñosas que se puedan encontrar en un desguace de gruas de construcción. A todo esto hay un aspirante a caballero (Harvey Keitel) que le hecha los tejos a la princesa continuamente y que trata de salir de su condición de villano a toda costa, ya sea mediante la técnica de braguetazo, chantaje o engaño, eso sí, todo con mucho honor. Como trama paralela está la pretendida mofa a la iglesia y a la superstición (diezmo, gato negro, santería, posesiones, interpretación de las escrituras, demonio…) llevada de forma renqueante por un ambiguo alquimista (Klaus Kinski) y un histérico clérigo (Fernando Rey). Aparece el personaje del caballero que ha jurado no permitir cruzar el puente a no ser que se le derrote en un combate justo, que poco tiempo después será mucho mejor llevado al cine a través de Sir Didymus en la maravillosa “Dentro del laberinto”.

El vestuario y los escenarios están penosamente aprovechados. Se rodó parcialmente en el castillo de Requesens en La Junquera (Gerona). Los actores se pasan la película con cara de “vaya chorradas me hace hacer el director”, aunque se nota el plus aportado por la presencia de Harvey Keitel y, aunque algo justillo, Klaus Kinski (que siempre me gusta ver en la pantalla esa cara de loco psicópata que tiene). La dirección de actores creo que es mala y los toques de humor innecesarios y sin gracia alguna. Sólo me han gustado las escenas en las que el heraldo anuncia edictos reales a los pueblerinos. En si, el título es engañoso, y probablemente haya sido una gran decepción para muchos niños que esas mañanas de verano se hayan dirigido a alquilar el VHS al “Club Yoldan” a alquilar una película de fantasía, espada y brujería. Y es que al fin y al cabo, con todo lo original que Fernando Colomo haya querido ser, y con todo el principal plantel internacional, “El caballero del dragón” es un fistro.

Her Doktor

Al Borde del Spoiler: They live (Están vivos) (1988)

Al Borde del Spoiler: They live (Están vivos) (1988). John Carpenter

John Carpenter escribió el guion bajo el pseudónimo de Frank Armitage. La película está basada en un relato de 1963 de Ray Nelson titulado «Eight O’Clock in the Morning.»

Al Borde del Spoiler: They live (Están vivos)(1988)
Al Borde del Spoiler: They live (Están vivos)(1988)
Al Borde del Spoiler: They live (Están vivos)(1988)

Al final del espectáculo, el hipnotizador les dijo a los hipnotizados: “Despertad”.

Algo extraordinario sucedió.

Uno de los hipnotizados despertó del todo. Esto nunca había sucedido antes. Su nombre era George Nada y parpadeó entre el mar de caras en el teatro, al principio sin ser consciente de nada fuera de lo habitual. Entonces observó, moteadas aquí y allá en la multitud, las caras no humanas, las caras de los fascinadores. Habían estado allí todo el tiempo, claro, pero sólo George estaba realmente despierto, así sólo George les reconoció por lo que eran. Lo entendió todo en un instante, incluyendo el hecho de que si él iba a dar alguna señal al exterior, los fascinadores inmediatamente le ordenarían regresar a su estado anterior, y él obedecería.

Dejó el teatro, saliendo afuera, a la noche de neón, evitando cuidadosamente cualquier indicación de que veía la carne verde y reptiliana o los múltiples ojos amarillos de los dominadores de la Tierra. Uno de ellos le preguntó: “¿Tienes fuego, socio?”. George le dió fuego, y luego siguió su camino.

De vez en cuando, a lo largo de la calle George veía los carteles colgantes con fotografías de los múltiples ojos de los fascinadores y varias órdenes impresas bajo ellos, tales como, “trabaja ocho horas, juega ocho horas, duerme ocho horas” y“cásate y reprodúcete”. Un TV en la ventana de una tienda captó el ojo de George, pero él miraba aparte, a la señal de la hora. Cuando no miraba al fascinador en la pantalla, podía resistir la orden, “sigue sintonizado esta emisora”.

George vivía solo en una pequeña pensión, y tan pronto como llegó a casa, lo primero que hizo fue desenchufar el TV. Aunque podía oír en otras habitaciones los TV de sus vecinos. La mayoría del tiempo las voces eran humanas, pero de vez en cuando oía los arrogantes graznidos extraños como de pájaro, de los extraterrestres. “Obedece al gobierno”, decía un graznido. “Somos el gobierno”, decía otro. “Somos tus amigos, tu harías cualquier cosa por un amigo, ¿no?”.

“¡Obedece!”
“¡Trabaja!”

Repentinamente sonó el teléfono.

George cogió el teléfono. Era uno de los fascinadores.

– “Hola”, graznó. “Soy su control, el Jefe de policía Robinson. Usted es un hombre viejo, George Nada. Mañana por la mañana a las ocho en punto, su corazón se parará. Por favor repita”.
– “Soy un hombre viejo”, dijo George. “Mañana por la mañana a las ocho en punto, mi corazón se parará”.

El control colgó.

“No, no lo hará”, murmuró George. Se preguntó porqué le querían muerto. ¿Sospechaban que estaba despierto?. Probablemente. Alguien podría haberlo notado, haber observado que no respondía de la misma manera que los demás. Si George estaba vivo un minuto después de las ocho del día de mañana por la mañana, entonces ellos lo sabrían seguro.

“Es absurdo esperar aquí el fin”, pensó.

Salió fuera de nuevo. Los carteles, la TV, las ocasionales órdenes de los extraterrestres que aparecían no parecían tener una fuerza absoluta sobre él, aunque todavía se sentía fuertemente tentado a obedecer, a ver las cosas de la manera que su amo quería que las viera. Pasó un callejón y se paró. Uno de los extraterrestres estaba solo allí, apoyado en la pared. George caminó hacia él.

“Sigue tu camino”, gruñó la cosa, enfocando sus letales ojos en George.

George sintió vacilar su autodominio. Por un momento, la cabeza reptiliana se disolvió dentro de la cara de un amable viejo borracho. Por supuesto, el borracho era amable. George cogió un ladrillo y lo estrelló contra la cabeza del viejo borracho con toda su fuerza. Por un momento, la imagen se emborronó, luego la sangre azul-verdosa salió de la cara y el lagarto cayó, encogiéndose y retorciéndose. Un momento después estaba muerto.

George arrastró el cuerpo dentro de las sombras y lo tanteó. Había una pequeña radio en su bolsillo y un cuchillo curiosamente tallado y un tenedor en otro. La pequeña radio decía algo en un idioma incomprensible. George la puso al lado del cuerpo, pero se quedó con los utensilios de comer.

“Posiblemente no pueda escapar”, pensó George. “¿Por qué combatirlos?”

Pero quizá él podía. ¿Qué si él podía despertar a otros? Podría valer la pena intentarlo. Caminó doce manzanas hacia el apartamento de su novia, Lil, y llamó a la puerta. Ella salió a la puerta en albornoz.

– “Quiero que despiertes”, dijo él.
– “Estoy despierta”, dijo ella. “Venga entra”.

Él entró. El TV estaba funcionando. Él lo apagó.

– “No”, dijo él. “Quiero que despiertes de verdad”. Ella le miró sin entender, así que él chasqueó los dedos y gritó, “¡Despierta!. ¡Los amos te ordenan que despiertes!”
– “¿Estás majareta, George?” preguntó ella suspicazmente. “Estás comportándote realmente raro”. Él la abofeteó. “¡Lárgate!” gritó ella, “¿Qué demonios pretendes?”.
– “Nada”, dijo George, vencido. “Solamente estaba bromeando”.
– “¡Abofetearme no fue bromear!” gritó ella.

Alguien llamó a la puerta. George la abrió. Era uno de los extraterrestres.

“¿No pueden bajar el ruido al de un grito débil?”, dijo.

Los ojos y la carne reptiliana se desvanecieron un poco y George vió la vacilante imagen de un hombre gordo de edad media en mangas de camisa. Todavía era un hombre cuando George le cortó el cuello con su cuchillo de cocina, pero era un extraterrestre antes de caer al suelo. Le arrastró dentro del apartamento y cerró la puerta de una patada.

– “¿Qué ves allí?” le preguntó a Lil, señalando a la cosa-serpiente de muchos ojos en el suelo.
– “Señor…Señor Coney”, susurró ella, con los ojos muy abiertos por el horror. “Tú… le has matado, como si no tuviera importancia en absoluto”.
– “No grites”, avisó George, avanzando hacia ella.
– “No lo haré George. Juro que no lo haré, sólo por favor, por el amor de Dios, suelta ese cuchillo”. Ella retrocedió hasta que sus hombros presionaron la pared.

George vió que era inútil.

– “Voy a atarte”, dijo George. “Primero dime en qué habitación vivía el señor Coney”.
– “La primera puerta a tu izquierda según vas hacia las escaleras”, dijo ella.“Georgie… Georgie. No me tortures. Si vas a matarme, hazlo limpiamente. Por favor, Georgie, por favor”.

La ató con las sábanas de la cama y la amordazó, luego buscó el cuerpo del fascinador. Allí había otra de las pequeñas radios que hablaban un idioma extranjero, otro conjunto de utensilios de comer, y nada más.

George fue a la puerta de al lado. Cuando llamó, una de las cosas-serpiente respondió:

– “¿Quién es?”.
– “Amigo del Señor Coney. Quiero verle”, dijo George.
– “Salió durante un segundo, pero regresará”. La puerta se abrió con un crujido, y cuatro ojos amarillos se asomaron. “¿Quiere entrar y esperar?”
– “Vale” , dijo George, no mirando a los ojos.
– “¿Estás solo aquí?” preguntó él mientras ese ser cerraba la puerta, dándole la espalda a George.
– “Sí, ¿por qué?”

Él le cortó la garganta desde atrás, luego buscó por el apartamento. Encontró huesos y calaveras humanas, una mano medio comida. Encontró depósitos con unas enormes y gordas babosas flotando en ellos.

“Las crías”, pensó, y las mató a todas.

Había armas también, de un tipo que nunca había visto antes. Descargó una accidentalmente, pero afortunadamente no hacía ruído. Parecía disparar pequeños dardos envenenados. Se guardó en el bolsillo el arma y tantas cajas de dardos como pudo y volvió a la casa de Lil. Cuando ella le vió, se retorció de terror.

“Relájate, cariño” dijo él, abriendo su bolso. “Sólo quiero tomarte prestadas las llaves de tu coche”.

Cogió las llaves y bajó por las escaleras a la calle. Su coche estaba todavía aparcado en la misma área general en la que ella siempre lo aparcaba. Lo reconoció por la abolladura en el guardabarros de la derecha. Entró, arrancó, y comenzó a conducir sin rumbo fijo. Condujo durante horas, pensando desesperadamente buscando alguna salida. Encendió la radio del coche para ver si podía encontrar algo de música, pero no había nada excepto noticias y eran todas sobre él, George Nada, el maníaco homicida. El locutor era uno de los amos, pero sonaba un poco atemorizado. ¿Por qué debería estarlo? ¿Qué podía un hombre hacer?.

George no estaba sorprendido cuando vió el control en la carretera, y paró en una calle lateral antes de llegar. Ningún viajecito a la trena para ti, Georgie tío, se dijo a sí mismo.

Ellos habían descubierto lo que había hecho en la casa de Lil, así que estarían probablemente buscando el coche de Lil. Lo aparcó en un callejón y tomó el metro. No había extraterrestres en el metro, por algún motivo. Quizá tenían demasiada clase para tales cosas, o quizá era sólo porque era tan tarde de noche.

Cuando finalmente uno montó, George salió. Salió a la calle y fue a un bar. Uno de los fascinadores estaba en la TV, diciendo una y otra vez, “somos vuestros amigos. Somos vuestros amigos. Somos vuestros amigos”. El estúpido lagarto sonaba atemorizado. ¿Por qué?. ¿Qué podía un hombre hacer contra todos ellos?.

George pidió una cerveza, entonces repentinamente le impactó la idea de que el fascinador en el TV no parecía tener ya ninguna fuerza sobre él. Lo miró de nuevo y pensó, “tiene que creer que puede dominarme para hacerlo. La más ligera señal de miedo de su parte y la fuerza de hipnotizarme se ha perdido”. Ellos mostraron la foto de George en la pantalla del TV y George se retiró a la cabina telefónica. Llamó a su control, el jefe de policía.

– “Hola, ¿Robinson?” preguntó él.
– “Al habla”.
– “Soy George Nada. He descubierto cómo despertar a la gente”.
– “¿Qué? George, no cuelgue. ¿Dónde está?” Robinson sonaba casi histérico.

Colgó, pagó y dejó el bar. Probablemente rastrearían su llamada. Cogió otro metro y fue al centro de la ciudad. Estaba amaneciendo cuando entró en el edificio más grande de los estudios de TV de la ciudad. Consultó al portero del edificio y luego subió en el ascensor. El policía delante del estudio le reconoció. “¡Eh, usted es Nada!” masculló.

A George no le gustó dispararle con el arma de dardos envenenados, pero tenía que hacerlo. Tuvo que matar a varios más antes de entrar en el estudio, incluyendo todos los técnicos que había. Había un montón de sirenas de la policía fuera, gritos excitados, y pasos que corrían por las escaleras. El extraterrestre estaba sentado delante de la cámara de TV diciendo: “Somos vuestros amigos. Somos vuestros amigos”, y no vió a George entrar. Cuando George le disparó con el arma de agujas, él simplemente se paró a mitad de frase y se quedó sentado allí, muerto. George se quedó cerca de él y dijo, imitando el graznido del extraterrestre, “¡Despertad. Despertad. Miradnos como lo que somos y matadnos!”.

Fue la voz de George la que la ciudad oyó esa mañana, pero fue la imagen del fascinador, y la ciudad despertó por primera vez y la guerra comenzó. George no vivió para ver la victoria que finalmente llegó. Murió de un ataque al corazón exactamente a las ocho en punto.

The Man in the High Castle

The Man in the High Castle

David Semel (Director), Frank Spotnitz (Guionista), 15/01/15

Amazon ha publicado pilotos de ocho series. Hay un poco de todo pero entre todas ella hay una que destaca sobre el resto por su planteamiento y sí, tiene potencial para hacerle sombra a lo que sea que esté preparando Woody Allen: una adaptación de la novela “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick.

Vademécum de Her Doktor: Fire a Ice. The Dragon Chronicles (2008)

Vademécum de Her Doktor: Fire a Ice. The Dragon Chronicles (2008)

Película filmada para la televisión. Es la primera producción de Media Pro Pictures que buscaba aprovechar la racha de éxitos de películas de temática fantástica en la pantalla grande, para crear un proyecto que iba más allá de la producción para televisión, desarrollando además un videojuego con el mismo nombre y una adaptación en novela escrita por Stelan Turlea, un famoso escritor de literatura juvenil de Rumania. Traducida en España como El dragón y la princesa.

Director: Pitof

Nacionalidad: Rumania

Vamos a ver… si hasta al director, Pitof, (realizador de la muy interesante “Vidocq” y del bodrio de “Catwoman”) le debió dar vergüenza y firmó con su nombre original no comercial, Jean C. Comar. Menudo fistro de película. Pitof confirma que está acabado.

La historia trata de un dragón-mantarraya que está todo el día en ascuas, que asola periódicamente un reino compuesto por cuatro componentes de la nobleza, veinte soldados y cien villanos; demografía perfecta para convertirse en el primer paraíso fiscal del medievo. Pero cuidado, que en este medievo los hermanos Lumière llegarían con sus truquitos con retraso por culpa de Gimli. Resulta que la princesa, hija de Imhotep, sale en busca de un antiguo héroe para poner remedio al susodicho problemilla incandescente, ya que, en caso contrario, ella misma será ofrecida como canapé.

Durante su búsqueda en el bosque al estilo “The Village”, se encuentra a Gimli y ambos son atacados, en una escena más que lamentable, por los hombres-hojarasca. Menos mal que acude en su ayuda el guaperas de turno que lanza cuchillos a “puñaos” que ya le hubiera gustado a Ángel Cristo contratarlo para su circo. Al poco, la princesa descubre que el lanzacuchillos es el hijo del héroe que buscaba, y que éste está muerto. Pero bueno, como aún queda mucho metraje de película por vomitar, el neo-héroe va al castillo de Imhotep a ver qué leches pasa y a probar una ballesta triple muy chula que tira inventillos de Gimli. A la vez hay una historia paralela en la que el rey Javivi, antagonista de Imhotep, que se quiere, subliminalmente, cepillar a la reina Imhotepa y quedarse con “tó”.

En este punto de la película, el espectador ya sabe a lo que se está enfrentando, y si sigue visionándola, que no diga luego que no se veía venir. Pues resulta que para matar al dragón-mantarraya de fuego lo mejor es sacar de su latencia al dragón-mantarraya de hielo que se las gasta igual que el otro. A partir de aquí, ya no hay historia, si no que se convierte en una metáfora de los créditos finales de Benny Hill en los que corretean la princesa, el neo-héroe, un traidor de la corte, y el dragón-mantarraya de hielo. La escena clímax en el acantilado, en la que el neo-héroe corretea al dragón-mantarraya de hielo llevando en su mano y lanzando al acantilado un canicazo de gasolina, es de las peores escenas que se pueden visionar considerando todos los aspectos técnicos, visuales, narrativos y diarreicos.

Técnicamente, salvo por el uso de la cámara en puntuales momentos, la película es una basura. Se nota que su director era un experto en efectos visuales, pero hasta el resultado de CGI es pobre. Si bien es cierto que los dragones están bastante bien hechos, los escenarios de exteriores y las escenas de acción son un verdadero truño. La iluminación es demasiado artificial y a menudo descuidada. El maquillaje es malísimo, pero malo, malo. Es antimaquillaje. Y ya, lo que es malo con dolor es el vestuario. No sé en qué estarían pensando para ataviar a todo el mundo con las mantillas que se usan para cubrir las mesas de los braseros. Eso sí, de todos los colores y estampados posibles. Ambientación medieval total.

Las interpretaciones… bueno… en general, los actorcillos de poca monta se defienden en algunos pasajes y en otros están simplemente patéticos. Gimli es el único que se salva. Y el que se lleva la palma por su malísima actuación es Arnold Vosloo, que interpreta al rey bueno, rectifico, que se supone que interpreta al rey bueno. Ya estaba sobreviviendo de telefilmes y series, y con este papel se ha garantizado su continuidad en ese sector. Adiós Pitof, adiós Arnold Vosloo.

Las armaduras… ¡pero qué mierda es esta! no sé qué decir, es indescriptible el nivel de cutrez. Mi padre le hizo una vez a mi hermano un escudo, para su disfraz de centurión o sarraceno (ahora no me acuerdo exactamente), pintando de plateado un tapacubos de un coche. Mi hermano lo paseó por Mahón sin problema, gloriosos ochenta. ¡Pues era mejor que las armaduras de esta película! Las armas no están tan mal en general, pero no sé para que las llevan si en los combates sólo se mueve la cámara de un lado a otro caóticamente y no se ve un simple choche de espadas. Los escenarios son escasos, pero hay que reconocer que el salón real está muy currado; aunque a veces se note el carton-piedra de los muretes.

En conclusión, “El dragón y la princesa” es una película irregular, en la que se pueden encontrar momentos aceptables de un minuto de duración total insertados en 84 minutos de basura.

Her Doktor

Breve historia desconocida: Naji al-Ali otro caricaturistas asesinado para acallar la verdad 

Breve historia desconocida: Naji al-Ali otro caricaturistas asesinado para acallar la verdad 

Nayi al-Ali nació en Galilea (Palestina), dentro de los actuales límites del Estado de Israel en 1936 y murió asesinado en Londres en 1987.

En 1948, durante la primera guerra árabe-israelí, la aldea fue completamente destruida y sus habitantes abandonaron el territorio del recién creado Estado de Israel. La familia de Nayi al-Ali se instaló en el campo de refugiados de Ain al-Hilwa, en el vecino Líbano.

Nayi al-Ali empezó a publicar sus dibujos en la revista panarabista Al-Hurriyya, pero fue en Kuwait, país al que emigró como muchos otros palestinos a principios de la década de 1960, donde empezó a desarrollarse como dibujante.

En aquella época, la viñeta periodística árabe se había limitado a tratar casi exclusivamente temas sociales. Nayi al-Ali, consciente según sus propias palabras del potencial agitador de la labor del dibujante, empezó a tocar sistemáticamente temas políticos como la cuestión palestina, el petróleo y su uso ilegítimo, la unidad árabe o la situación política general en el mundo árabe, haciendo hincapié en la falta de libertad, el terrorismo de Estado, la pobreza, la burocracia y la corrupción.

En los años que pasó en Kuwait, Nayi al-Ali adquirió renombre como dibujante en todo el mundo árabe. En 1974 estalló la guerra civil en el Líbano y Nayi al-Ali regresó para unirse a los fedayín palestinos, atrincherados en Beirut oeste.

Cuando en 1982 Israel invadió el Líbano y puso cerco a Beirut para forzar la salida de las fuerzas palestinas del país, numerosas personalidades palestinas, Nayi al-Ali entre ellas, se opusieron a ello considerando que la ausencia de fedayín dejaría a cientos de miles de refugiados civiles palestinos sin protección frente a las Falanges Libanesas, la organización aliada de Israel.

A pesar de ello, la OLP negoció con Israel la retirada de sus fuerzas y apenas unos días más tarde las Falanges Libanesas iniciaron una persecución contra los refugiados palestinos cuyo punto álgido fue la masacre de Sabra y Chatila, dos campos en las afueras de Beirut.

Nayi al-Ali pasó seis meses escondido en los subterráneos de la ciudad hasta que finalmente pudo volver a Kuwait. Una vez allí, denunció a los dirigentes de la OLP por lo que a su juicio tenían de responsabilidad indirecta en las matanzas. En respuesta, la dirección de la OLP y varios periódicos árabes organizaron una gran campaña de prensa en contra de Nayi al-Ali, que se plasmó en actos públicos de repudio.

Finalmente, fue expulsado de Kuwait. Ningún otro Estado árabe quiso acogerle, y Naji se exilió a Londres.

Naji al-Ali se exilia en Reino Unido. En 1987, publica un dibujo en el que aparece Handala con la leyenda “Se busca vivo o muerto”. Quince días después, frente a la sede en Londres del diario para el que trabajaba, Al Qabas, un hombre le descerraja un tiro en la cara. Tras pasar un mes en coma, el dibujante fallece el 29 de agosto de 1987. La policía detuvo después a un palestino de 28 años que acabó confesando ser un agente doble de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y del servicio secreto exterior israelí, el Mossad, pero que sólo pudo ser acusado de tenencia de armas y explosivos. Aunque el asesinato provocó un incidente diplomático entre Israel y Reino Unido, oficialmente quedó sin resolver.