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Al Borde del Spoiler: Matt Helm

Hay famosos espías que salvan el mundo con el ceño fruncido, la mandíbula apretada y una pistola con silenciador y beben cocteles. Otros prefieren una copa, un comentario sarcástico y la compañía de una mujer que probablemente intenta matarlos. Matt Helm pertenece a la segunda categoría, aunque su versión cinematográfica tiene bastante más de Dean Martin que de cualquier agente secreto convencional.

Entre 1966 y 1969, cuatro películas convirtieron a este personaje literario en uno de los representantes más peculiares de la fiebre del espionaje que recorrió Hollywood durante la década de los sesenta. Son películas de conspiraciones internacionales, armas extravagantes, villanos megalómanos, decorados de diseño futurista y mujeres capaces de convertir cualquier misión en una complicación sentimental. Pero, sobre todo, son el testimonio de una época en la que Hollywood descubrió que el mundo de James Bond podía parodiarse sin renunciar a los coches espectaculares, la sofisticación artificial y el glamour de las estrellas.

La historia de Matt Helm resulta especialmente interesante porque el personaje nació muy lejos de ese universo despreocupado. Su creador fue Donald Hamilton, escritor estadounidense nacido en Suecia. Publicó Death of a Citizen en 1960, la primera novela de una extensa serie protagonizada por el agente. Hamilton desarrolló durante décadas una visión del espionaje áspera, pragmática y moralmente incómoda. Su Helm no era un playboy que se paseaba entre fiestas y conquistas mientras resolvía crisis internacionales. Era un profesional de la violencia, un hombre entrenado para matar que debía afrontar las consecuencias psicológicas de su trabajo.

Al Borde del Spoiler: Matt Helm
Donald Hamilton (24 mar 1916. Uppsala, Suecia-20 nov 2006. Visby, Suecia)

Las novelas prestaban atención a la disciplina operativa, la desconfianza y la dificultad de recuperar una vida normal después de haber sido convertido en un instrumento del Estado. El contraste con el personaje que terminaría interpretando Dean Martin es tan grande que conviene tenerlo presente desde el principio. Las películas no adaptan fielmente el espíritu de Hamilton, sino que utilizan su creación como punto de partida para construir una fantasía de espionaje pop.

El contexto industrial explica buena parte de esta transformación. Desde que Dr. No (1962) Terence Young presentó a Sean Connery como James Bond, el agente secreto se convirtió en una figura comercial extraordinaria. Los productores querían sus propios espías, sus propios artilugios y, naturalmente, sus propias versiones de las mujeres fatales y los villanos extravagantes.

El productor Irving Allen tenía motivos particulares para entrar en la competición. Había trabajado junto a Albert R. «Cubby» Broccoli, quien sí apostó por llevar las novelas de Ian Fleming al cine. La decisión de no continuar junto a Broccoli con Bond se convirtió en una de esas ironías de la historia de Hollywood. Mientras Broccoli participó en la construcción de una de las franquicias más duraderas del cine. Allen impulsó una alternativa que encontró su identidad al convertir el espionaje en comedia. La producción de Matt Helm fue, en cierto sentido, una respuesta tardía a aquella oportunidad perdida. Aunque su atractivo no dependía de competir con la seriedad de 007, sino de explotar un registro mucho más desenfadado.

La elección de Dean Martin fue decisiva. Martin ya poseía una personalidad pública perfectamente reconocible: voz aterciopelada, elegancia despreocupada, humor seco y una imagen de hombre que parecía conseguirlo todo sin despeinarse. Su trayectoria junto a Jerry Lewis había demostrado su talento para la comedia, mientras que su carrera musical y sus apariciones televisivas habían consolidado una imagen de sofisticación accesible.

En la pantalla, Matt Helm se convierte en una extensión de ese personaje público. Bebe, flirtea, improvisa y parece considerar las amenazas de destrucción mundial una molestia que interrumpe una velada agradable. La broma funciona porque Martin nunca parece esforzarse demasiado por demostrar que es el hombre más listo de la habitación. Su arma principal es la seguridad con la que se comporta como si todo estuviera bajo control, incluso cuando la situación se ha vuelto completamente absurda.

El resultado se aleja del asesino profesional de las novelas y se aproxima a una fantasía de masculinidad propia de la cultura popular de los 70’s. En las películas, la agencia secreta recibe el nombre de ICE, siglas de Intelligence and Counter Espionage. Helm trabaja rodeado de dispositivos imposibles, adversarios extravagantes y una sucesión de compañeras que oscilan entre la aliada, la distracción y la amenaza.

La serie tampoco pretende ser una parodia destructiva del género: disfruta demasiado de sus coches, sus decorados y sus extravagancias para limitarse a burlarse de ellos. Su humor nace de presentar situaciones disparatadas con la misma naturalidad con la que una producción de Bond habría presentado una amenaza nuclear. Esa mezcla de aventura genuina y autoparodia, es el tipo de humor que décadas después adaptaría la saga Austin Powers. Aunque Martin conserva una elegancia que no necesita recurrir continuamente a la caricatura.

Al Borde del Spoiler: Matt Helm
The Silencers (1966) Phil Karlson: el nacimiento de un espía que no se toma nada en serio.

Los silenciadores (1966) Phil Karlson. Reparto principal con Dean Martin, Stella Stevens, Daliah Lavi, Victor Buono y Cyd Charisse.

La primera aventura cinematográfica de Matt Helm establece las reglas de un universo en el que el peligro internacional convive con las bromas de dormitorio y los dispositivos mecánicos más absurdos. La organización criminal BIG O pretende desencadenar una catástrofe utilizando un misil. La agencia ICE necesita recuperar a su agente retirado para frustrar sus planes.

El argumento ofrece todo lo que cabía esperar de una producción de espionaje de mediados de los sesenta. El verdadero espectáculo está en la manera en que Phil Karlson mezcla la intriga con la comedia de enredos. La película procede de una época en la que los decorados futuristas, las conspiraciones globales y las armas secretas podían convivir con una despreocupación casi infantil.

El reparto femenino merece especial atención. Stella Stevens, como Gail Hendricks, aporta buena parte del componente cómico gracias a un personaje que parece meterse en problemas con una eficacia superior a la de los propios enemigos de Helm. Daliah Lavi, por su parte, interpreta a Tina, una agente que funciona como contrapunto más competente y misterioso.

La presencia de Cyd Charisse, leyenda del musical de Hollywood, añade un inesperado vínculo con el cine clásico. Su personaje, Sarita, es una artista de cabaré y agente enemiga, aunque su voz cantada fue doblada por Vikki Carr. Es uno de esos detalles que resumen el espíritu de la producción: reunir personalidades reconocibles, explotar sus atractivos y no preocuparse demasiado por la coherencia tonal.

Pero si hay una anécdota que define Los silenciadores, es el automóvil de Helm. El célebre personalizador de vehículos George Barris, conocido por trabajos tan emblemáticos como el Batmóvil de la serie televisiva de Batman, intervino en un Mercury Colony Park de 1965 para convertirlo en una extensión del apartamento de soltero del protagonista. El vehículo incorporaba un bar y asientos reclinables, porque aparentemente cualquier misión secreta resulta más llevadera si se puede disfrutar de una bebida sin abandonar el coche.

Barris también preparó vehículos para una secuencia de colisión en la que los automóviles debían desintegrarse de manera espectacular. La película lleva esta filosofía al extremo con una cama motorizada que se desplaza por el dormitorio y acaba arrojando a sus ocupantes a una piscina de hidromasaje.

La música también juega un papel importante. Elmer Bernstein, compositor de Los siete magníficos y La gran evasión, firma una banda sonora que convive con grabaciones del propio Martin. La combinación refuerza la sensación de estar viendo una aventura de espionaje construida alrededor de la estrella, no al revés. Incluso el material promocional de la época resumía la propuesta con una fórmula que hoy parece una declaración de intenciones: chicas, bromas y artilugios.

¿Ha envejecido bien? En algunos aspectos, no. Su representación de las mujeres responde a convenciones muy marcadas de su época y determinados chistes resultan difíciles de defender desde una mirada contemporánea. Sin embargo, como cápsula cultural de los años sesenta, conserva un encanto considerable. Sus decorados, sus automóviles y la absoluta tranquilidad con la que Martin afronta situaciones imposibles compensan buena parte de sus limitaciones. De las cuatro películas, es una de las que mejor representa la vertiente surrealista de la saga.

Al Borde del Spoiler: Matt Helm
Murderers’ Row (1966) Henry Levin: más presupuesto, más ambición y Ann-Margret

Matt Helm, agente muy especial (1966) Henry Levin con el reparto principal con Dean Martin, Ann-Margret, Karl Malden y Camilla Sparv.

El éxito de la primera entrega permitió ampliar la escala de la franquicia. Matt Helm, agente muy especial abandona parte de la extravagancia casi experimental de su predecesora para acercarse a una aventura de espionaje más convencional, con una amenaza tecnológica de dimensiones apocalípticas. La organización BIG O vuelve a estar en el centro de la conspiración, esta vez alrededor de un arma capaz de destruir ciudades mediante un rayo de enorme potencia.

Helm debe fingir su propia muerte y adoptar una identidad encubierta para localizar al científico responsable del invento. La premisa podría pertenecer perfectamente a una aventura de James Bond, pero los comentarios del protagonista impiden que la película se instale por completo en el territorio del suspense.

Uno de los mayores atractivos es Ann-Margret, que interpreta a Suzie Solaris. En 1966 la actriz se encontraba en un momento extraordinariamente activo de su carrera, y su presencia aporta energía, magnetismo y una dimensión musical que encaja a la perfección con el universo de Helm. Su química con Martin es uno de los puntos fuertes del largometraje.

También merece destacarse Karl Malden, ganador del Óscar por Un tranvía llamado Deseo, quien interpreta al antagonista Julian Wall. Su presencia proporciona un contrapunto más sólido a la despreocupación de Martin, aunque la película no tarda en recordar que aquí los villanos también están al servicio del espectáculo.

La producción guarda varias curiosidades. Aunque se había contemplado rodar en localizaciones europeas, Martin no quiso desplazarse para filmar allí. De modo que se recurrió a material rodado por una segunda unidad en Montecarlo y la isla de Wight, combinado con escenas realizadas en Hollywood. El resultado es un ejemplo interesante de cómo el cine de estudio podía fabricar una geografía internacional sin abandonar realmente California.

Además, la película cuenta con una aparición musical de Dino, Desi & Billy. Grupo en el que participaban Dino Martin, hijo de Dean, y Desi Arnaz Jr., hijo de Desi Arnaz y Lucille Ball, junto a Billy Hinsche. El mundo familiar y profesional de las estrellas se filtraba así en una producción que pretendía representar una sofisticada red internacional de espionaje.

Los artilugios vuelven a ser protagonistas. Entre ellos destaca una pistola que dispara con diez segundos de retraso, un mecanismo tan sencillo como eficaz para generar situaciones cómicas. También aparece el heliorrayo, un arma de destrucción masiva que proporciona a la película una estética de ciencia ficción propia de la década. El vestuario de Moss Mabry, con sus contrastes cromáticos y diseños modernos, contribuye a que la producción tenga una identidad visual más pulida que la primera entrega.

La película, además, presenta semejanzas llamativas con elementos que aparecerían en posteriores aventuras de Bond, especialmente Diamantes para la eternidad (1971) Guy Hamilton. Lo que permite apreciar hasta qué punto las distintas franquicias de espionaje se observaban y se alimentaban mutuamente. Conviene hablar de paralelismos e influencias posibles, sin dar por demostrada una relación directa en cada coincidencia.

En conjunto, Matt Helm, agente muy especial quizá sea menos desinhibida que Los silenciadores, pero resulta más equilibrada como aventura. La combinación de Ann-Margret, Karl Malden y Dean Martin funciona, y su imaginario tecnológico conserva una personalidad reconocible. Si la primera película presentaba a Matt Helm como un capricho de Hollywood, la segunda demuestra que aquel capricho podía sostener una franquicia comercial de verdad.

Al Borde del Spoiler: Matt Helm Emboscada a Matt Helm (1967) Henry Levin
The Ambushers (1967) Henry Levin; platillos volantes y el agotamiento de la fórmula

Emboscada a Matt Helm (1967) Henry Levin. Reparto principal con Dean Martin, Senta Berger, Janice Rule y James Gregory.

Con Emboscada a Matt Helm, la franquicia se adentra de lleno en la ciencia ficción más disparatada. La misión gira alrededor de una nave experimental capaz de volar y de un arma que permite hacer levitar objetos y personas. El espionaje internacional cede terreno ante una aventura que parece interesada en comprobar hasta dónde puede estirar la franquicia su propia lógica antes de que los espectadores dejen de seguirla. La presencia de elementos futuristas, que en las entregas anteriores servían para condimentar las tramas, pasa a dominar el espectáculo.

Senta Berger interpreta a Francesca Madeiros, una de las principales figuras femeninas de la película, mientras que Janice Rule encarna a Sheila Sommers. Ambas aportan presencia y experiencia, aunque el guion no siempre les ofrece personajes con suficiente profundidad. El reparto recupera también a James Gregory como MacDonald, el superior de Helm, cuya función consiste en devolver al protagonista al servicio activo cada vez que la jubilación empieza a resultarle demasiado cómoda. La recurrencia de este personaje ayuda a mantener la continuidad de una serie que, por lo demás, se permite cambiar de escenario, tono y amenaza sin excesivas explicaciones.

Uno de los detalles más curiosos se encuentra fuera del argumento. Parte de la producción se rodó en los estudios Desilu, asociados a series como Star Trek. De allí procedían algunos elementos de atrezo reutilizados en la película, incluidos componentes de decorados espaciales empleados en episodios de la serie original. Para el aficionado a la televisión clásica, reconocer esas piezas constituye una pequeña recompensa. Los mismos objetos que habían contribuido a representar el futuro de la exploración espacial aparecen ahora al servicio de una comedia de espías que no se toma demasiado en serio sus propias invenciones.

La banda sonora, compuesta por Hugo Montenegro, conocido también por su trabajo televisivo y por su célebre versión instrumental de «The Good, the Bad and the Ugly», acompaña una película que busca renovar su identidad sonora. El vestuario de Oleg Cassini, diseñador vinculado a la alta sociedad y conocido por vestir a Jacqueline Kennedy, añade un punto de sofisticación a un relato que visualmente oscila entre el glamour y el cartón piedra.

Sin embargo, Emboscada a Matt Helm es probablemente la entrega más irregular. La idea de la nave experimental tiene potencial, pero la trama se dispersa y el humor pierde parte de la espontaneidad que caracterizaba a las primeras aventuras. La película obtuvo buenos resultados comerciales, aunque con el tiempo su reputación crítica se deterioró. Es el ejemplo más claro de lo que sucede cuando una fórmula de éxito empieza a repetirse sin encontrar una nueva idea que la justifique. El espectador sigue encontrando elementos curiosos, pero ya no basta con añadir otra arma imposible, otro escenario exótico y otro grupo de agentes atractivas para recuperar la frescura original.

Al Borde del Spoiler: Matt Helm. The Wrecking Crew Movie (1969) Phil Karlson
The Wrecking Crew (1969) Phil Karlson: Sharon Tate, Bruce Lee y el final de la fiesta

La mansión de los siete placeres (1969) Phil Karlson. Reparto principal con Dean Martin, Sharon Tate, Elke Sommer, Nancy Kwan, Tina Louise y Nigel Green.

La cuarta película devuelve la dirección a Phil Karlson, responsable de la primera entrega, y ofrece una conclusión más vistosa de lo que cabría esperar tras los problemas de la anterior. Helm debe investigar el robo de un cargamento de oro que amenaza con desestabilizar la economía mundial. La pista conduce hasta Europa y hasta el entorno del conde Contini, interpretado por Nigel Green.

Sobre el papel, la historia vuelve a reunir todos los ingredientes habituales. Un antagonista extravagante, una fortuna desaparecida, una organización criminal y un agente que parece más preocupado por disfrutar del viaje que por salvar la economía internacional.

Pero el verdadero acontecimiento cinematográfico es Sharon Tate, que interpreta a Freya Carlson. Su personaje comienza como una guía aparentemente torpe y poco sofisticada, aunque esa imagen esconde habilidades que resultan decisivas para la misión. Tate posee una ligereza cómica que funciona especialmente bien frente a la serenidad de Martin. En lugar de limitarse a desempeñar el papel de acompañante decorativa, consigue apropiarse de varias escenas y crear una personalidad reconocible.

La película también se beneficia de Elke Sommer como Linka Karensky. Nancy Kwan como Yu-Rang y Tina Louise como Lola Medina, un reparto que convierte la aventura en una exhibición de estilos interpretativos muy distintos.

La participación de Bruce Lee es una de las anécdotas fundamentales de esta producción. Lee trabajó como asesor de artes marciales y ayudó a preparar las escenas de lucha, incluida la preparación de Tate. En aquel momento todavía no era la estrella internacional que llegaría a ser a comienzos de los setenta, pero ya desarrollaba una actividad importante como instructor en Hollywood. Entre sus alumnos y conocidos se encontraban figuras como Steve McQueen y James Coburn.

La película también contiene una curiosidad histórica de enorme interés. Chuck Norris realizó aquí una de sus primeras apariciones cinematográficas, en un papel secundario sin el protagonismo que alcanzaría posteriormente. Descubrir a Norris en una aventura de Matt Helm supone contemplar una pequeña intersección entre el Hollywood de los espías y el que, pocos años después, estaría dominado por las artes marciales.

Existe una conexión cinéfila: Once Upon a Time… in Hollywood (2019) Quentin Tarantino, recupera imágenes y referencias de La mansión de los siete placeres. La presencia de la película dentro de una historia ambientada en el Hollywood de 1969 no es casual. Matt Helm pertenece a ese paisaje de estrellas, estudios, mansiones y cultura popular que Tarantino reconstruye con tanta atención al detalle. La película de Martin deja de ser solamente una comedia de espías para convertirse en una pieza de época, una ventana a la industria del entretenimiento inmediatamente anterior a una de sus rupturas históricas más traumáticas.

Otro detalle de producción es la mansión del villano. Para representar la residencia de Contini se utilizaron exteriores de Owlwood Estate, propiedad que entonces pertenecía al actor Tony Curtis y que posteriormente pasaría a manos de Sonny y Cher. Esta conexión entre los espacios de las celebridades y el cine comercial resulta muy apropiada para una franquicia que siempre había vivido de la proximidad entre el espectáculo y la imagen pública de sus protagonistas.

La película, estrenada en Canadá en diciembre de 1968. En Estados Unidos, en febrero de 1969, tuvo una acogida comercial inferior a la de sus predecesoras. Pese a ello, hoy posee un interés que va más allá de su argumento. Su estética, menos saturada que la de las primeras entregas, anticipa en algunos aspectos el cambio de sensibilidad visual que se impondría en el cine estadounidense de los setenta.

Además, la presencia de Sharon Tate le ha otorgado una dimensión histórica inevitable. Fue asesinada en agosto de 1969, meses después del estreno estadounidense de la película, por miembros del grupo dirigido por Charles Manson. Su muerte conmocionó a Hollywood y proyectó una sombra trágica sobre una producción concebida como entretenimiento ligero. La mansión de los siete placeres no debería reducirse a ese desenlace, pero resulta imposible hablar de ella sin reconocer cómo cambió su lugar en la memoria del cine.

La película termina anunciando una quinta aventura, The Ravagers, que nunca llegó a producirse. La caída de los resultados comerciales y la decisión de Martin de no volver a interpretar a Helm contribuyeron a cerrar la franquicia. Se ha señalado también que la muerte de Tate influyó en la negativa del actor a continuar, aunque no conviene presentar una explicación única como si todas las circunstancias estuvieran completamente documentadas. Lo cierto es que el proyecto quedó abandonado y que el anuncio final se convirtió en una despedida involuntaria.

Las mujeres de Matt Helm: algo más que decoración sesentera

Una revisión actual de estas películas no estaría completa sin detenerse en sus protagonistas femeninas. La saga heredó de la cultura Bond la costumbre de rodear al héroe de mujeres hermosas, peligrosas y con frecuencia presentadas mediante una mirada masculina muy evidente. Los nombres cambian de una entrega a otra, pero el mecanismo se repite. Una agente experimentada, una aliada imprevisible, una adversaria seductora o una mujer aparentemente inocente que termina complicando la misión.

No obstante, el reparto permite descubrir mucho más que una simple galería de modelos de época. Stella Stevens destaca por su sentido del humor físico; Daliah Lavi combina elegancia y misterio; Ann-Margret aporta una energía escénica que parece capaz de alterar el ritmo de la película. Senta Berger y Elke Sommer representan dos versiones distintas del glamour europeo que Hollywood convirtió en una marca comercial; y Sharon Tate demuestra que podía sostener la comedia con una personalidad propia.

El problema es que los guiones rara vez permiten que esas intérpretes desarrollen personajes con la complejidad que sus capacidades habrían merecido. Sus identidades suelen estar subordinadas al deseo, la seducción y las necesidades de la aventura masculina. La mirada contemporánea debe reconocer esa limitación sin ignorar el trabajo de las actrices, que a menudo son las responsables de que las escenas más ligeras funcionen. Y hay una ironía adicional. En más de una ocasión, la película parece disfrutar más de sus compañeras que de su propio protagonista, hasta el punto de que Martin acaba convertido en el espectador privilegiado de un espectáculo que ellas sostienen.

De Donald Hamilton a Dean Martin: dos Matt Helm incompatibles

La diferencia entre los libros y las películas merece una última reflexión. Donald Hamilton no creó un agente secreto para que protagonizara una comedia de enredos. Sus novelas describen un mundo donde el trabajo clandestino exige una frialdad que deja cicatrices y donde la violencia tiene consecuencias. La versión de Martin, en cambio, es un producto de la cultura popular de los sesenta. Sofisticado, seductor, irreverente y preparado para transformar una crisis internacional en una sucesión de ocurrencias.

Esta distancia ayuda a entender por qué las películas funcionan mejor cuando se contemplan como una franquicia autónoma. Juzgarlas exclusivamente por su fidelidad a los libros equivale a ignorar la operación comercial y creativa que las hizo posibles. Irving Allen y Columbia Pictures no buscaban trasladar con exactitud la psicología del personaje literario, sino aprovechar un nombre reconocible para entrar en un mercado dominado por Bond. El cambio de tono permitió que Dean Martin interpretara a Helm con una naturalidad que probablemente habría resultado inconcebible en una adaptación más fiel.

Al Borde del Spoiler: Matt Helm
Los libros de Donald Hamilton de Matt Helm

También explica la importancia de la música, los coches y los decorados. La serie no se limita a contar historias de espionaje: vende una determinada imagen de modernidad. Los apartamentos futuristas, las armas experimentales, los vestidos, los interiores de lujo y los automóviles personalizados construyen un universo en el que el futuro parece una extensión del ocio de los ricos. En este sentido, Matt Helm es menos un héroe de la Guerra Fría que un representante de la sociedad de consumo que floreció durante aquella década. El enemigo puede amenazar con destruir el planeta, pero el espectáculo nunca pierde de vista el bar, el vestuario o la próxima conquista amorosa.

El legado: una franquicia menor con personalidad propia

Una serie televisiva de Matt Helm, protagonizada por Anthony Franciosa en la década de los 70’s, intentó prolongar la vida del personaje. Lo transformó en un detective privado dentro de un formato más convencional. La producción tuvo una trayectoria breve y no alcanzó el impacto cultural de las películas de Martin.

Décadas más tarde, el proyecto de recuperar al personaje para el cine volvió a despertar interés. Con nombres como Steven Spielberg vinculados en distintos momentos al desarrollo de una nueva adaptación y Bradley Cooper asociado al papel en informaciones publicadas en 2018. Aquellos planes ilustran la persistencia del atractivo del personaje, aunque no equivalen a una película estrenada.

El legado más curioso quizá sea la relación entre la saga y el propio James Bond. Las películas de Matt Helm nacieron en buena medida como respuesta a la popularidad de 007. Su tono desenfadado y su gusto por el humor contribuyeron a un ambiente cinematográfico en el que el espionaje podía ser espectacular sin ser solemne. Cuando Roger Moore asumió el papel de Bond en Vive o deja morir (1973) Guy Hamilton, la franquicia británica abrazó un registro más abiertamente juguetón.

No sería riguroso atribuir ese cambio exclusivamente a Matt Helm, pero sí reconocer que ambas series participaron en una evolución compartida del género. Incluso la posterior popularidad de las parodias de espionaje, de Casino Royale (1967) a Austin Powers, permite apreciar el terreno cultural en el que se movían estas películas.

Revisar las cuatro aventuras de Matt Helm supone recorrer una pequeña historia del cine comercial estadounidense. No estamos ante cuatro obras maestras ocultas ni ante una saga capaz de competir en todos los terrenos con las mejores películas de James Bond. Sus guiones son irregulares, su representación de las mujeres responde a convenciones envejecidas y algunos de sus efectos especiales provocan hoy una sonrisa involuntaria.

Pero reducirlas a esos defectos sería perder de vista lo que las hace interesantes. La personalidad de Dean Martin, la inventiva de sus dispositivos, el diseño visual de los años sesenta, la presencia de un reparto extraordinario y la forma en que Hollywood convirtió una oportunidad comercial perdida en una franquicia con identidad propia.

Matt Helm es, en definitiva, el espía que nunca necesitó parecer demasiado preocupado por el destino del mundo. Mientras otros agentes secretos perfeccionaban su licencia para matar, él prefería convertir cada misión en una aventura de lujo, sarcasmo y seducción. Y esa diferencia, precisamente, es la que hace que todavía merezca la pena volver a visitarlo.

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Obituario: Richard Harrison

Richard Harrison, fue uno de esos actores cuya biografía parece escrita por un guionista de cine de explotación. Falleció el 18 de septiembre de 2026 en Los Ángeles a los 90 años. La noticia fue comunicada por Joan Borsten, productora y amiga cercana del actor, quien señaló que la muerte se produjo por causas naturales.

Con él desaparece una figura singular del cine popular internacional: un estadounidense que apenas encontró sitio en Hollywood, se convirtió en protagonista en Italia, recorrió el western europeo, el peplum, el cine de espías y la explotación, y terminó viviendo una de las etapas más extrañas de su carrera en Hong Kong, donde llegó a convertirse, sin pretenderlo, en una de las caras más reconocibles del cine ninja de videoclub.

Harrison nació el 26 de mayo de 1936 en Salt Lake City, Utah. Llegó a Hollywood siendo adolescente y antes de convertirse en actor tuvo una vida bastante alejada de lo que después sugeriría su filmografía. Trabajó en gimnasios y como modelo de revistas dedicadas al físico masculino, mientras se preparaba como intérprete y estudiaba actuación con Sanford Meisner.

Obituario: Richard Harrison

Su físico musculoso, su porte de galán y su aspecto de héroe clásico terminarían siendo, para bien y para mal, una de las principales puertas de entrada a su carrera. En una época en la que el cine europeo estaba importando estadounidenses de aspecto atlético para ocupar el espacio que había abierto Steve Reeves, Harrison parecía fabricado para interpretar guerreros, gladiadores y aventureros.

Sus primeros pasos profesionales fueron en Hollywood, con pequeños papeles en películas como Too Much, Too Soon (1958) Art Napoleon y South Pacific (1958) Josua Logan. Pero aquella industria no parecía tener preparado para él el lugar que terminaría ocupando en Europa. A comienzos de los años sesenta tomó una decisión que definiría prácticamente toda su vida profesional: marcharse a Italia. Allí encontró un cine que necesitaba rostros estadounidenses, cuerpos atléticos y actores capaces de encarnar héroes mitológicos en producciones realizadas con presupuestos mucho más modestos que los de Hollywood.

Obituario: Richard Harrison
El Gladiador Invencible (1962) Antonio Momplet, Alberto De Martino

Su desembarco en el peplum fue inmediato. El Gladiador Invencible (Il gladiatore invincibile, 1962)
Antonio Momplet, Alberto De Martino, lo convirtió rápidamente en uno de los rostros del género. Después llegaron títulos como La Isla de la Ambición (1962) Domenico Paolella, Los 7 Espartanos (1962) Pedro Lazaga, El Valle de los Hombre de Piedra (1963) Alberto De Martino, El Último Gladiador (1964) Umberto Lenzi, Los Dos Gladiadores (1964) Mario Caiano, La Rebelión de los Pretorianos (1964) Alfonso Brescia y Los Gigantes de Roma (1964) Antonio Margheriti. Durante unos años Harrison fue exactamente el tipo de actor que necesitaba aquel cine: hombros anchos, mandíbula marcada, aspecto de héroe y capacidad para enfrentarse a ejércitos enteros sin que el cartel tuviera que explicar demasiado.

A medida que la moda del peplum empezó a desaparecer Harrison fue alternando géneros, algo hizo algo repetidas veces durante su carrera. Participó en versiones italianas de género de espías a rebufo de James Bond como 077 Desafío a los asesinos (1966) Antonio Margheriti,

Obituario: Richard Harrison

Pero entonces cambió el panorama europeo. El western europeo empezaba a despuntar y rápidamente se convirtió en su siguiente territorio. Trabajó en títulos como Sangre sobre Texas (100.000$ for Ringo) (1965) Alberto De Martino, Joko, invoca a Dios… y muere (1968) Antonio Margheriti, Entre Dios, el Diablo y un Arma (1968) Marino Girolami, Los Violentos de Texas (1971) Mario Gariazzo, Texas El Rojo (1967) Leopoldo Savona y Uno detrás de otro (1969) Nick Nostro. Llegaría a participar en alrededor de una veintena de westerns italianos, convirtiéndose en uno de los numerosos estadounidenses que encontraron en España e Italia una carrera que Hollywood nunca les había ofrecido.

Obituario: Richard Harrison
Texas el Rojo (1967) Leopoldo Savona

Existe, además, una de esas historias que el cine parece haber inventado a posteriori pero que pertenece a la propia mitología de Harrison. En 1964 Sergio Leone estaba preparando Por un puñado de dólares y Harrison recibió la posibilidad de interpretar al pistolero que acabaría convirtiéndose en el Hombre sin Nombre. Harrison rechazó el proyecto y, según su propio relato, recomendó a Clint Eastwood, un actor al que conocía y de quien sabía que podía montar a caballo. Eastwood aceptó y aquella película cambió la historia del western y convirtió al antiguo secundario de Rawhide en una estrella internacional.

Su carrera está llena de caminos que pudieron conducir a otra parte. Cuando el cine italiano dejó de producir suficientes papeles para actores como él, siguió el trabajo allí donde aparecía, incluso cuando eso significaba viajar a países y mercados cinematográficos completamente distintos. En una entrevista posterior explicó que el declive del cine popular italiano había dejado muy poco trabajo y que el traslado a Asia no fue realmente una transición elegante, sino más bien una sucesión de periodos de trabajo y de ausencia de trabajo.

Así durante los años 70, trabajó lugares tan dispares como Turquía, donde filmó la coproducción Dört hergele (1974) Yilmaz Atadeniz, Giulio Giuseppe Negri. En Argentina participó en Viaje de Locos (1974) Rafael Cohen, en Yugoslavía participó en Pakleni otok (1979) Vladimir Tadej o producciones de EEUU, como su participación en Pussycat, Pussycat, I Love You (1971) Rod Amateau, otro explotation más en su carrera.

Obituario: Richard Harrison
Dört hergele (1974) Yilmaz Atadeniz, Giulio Giuseppe Negri.

El viaje a Hong Kong

La etapa de Hong Kong merece un capítulo aparte porque, en cierto modo, contiene dos Richard Harrison diferentes. El primero era el veterano protagonista internacional que llegó a los estudios Shaw Brothers en la década de 1970. El segundo acabaría siendo el inexplicable Ninja Master de las películas de videoclub de los años ochenta. Entre ambos hay una distancia enorme, pero también una línea perfectamente reconocible: Harrison siempre había seguido el mercado allí donde existiera.

Su primera gran aventura hongkonesa llegó en 1975 con Marco Polo (1975) Chang Cheh para Shaw Brothers. La película, conocida también en determinados mercados como The Four Assassins, reunió a Harrison con una de las grandes instituciones del cine de Hong Kong. Al año siguiente volvió a trabajar con Chang Cheh en The Boxer Rebellion (Pa Kuo Lien Chun), traducida en España con el poco acertado título La rebelión de los boxeadores (1976) Chang Cheh, donde interpretó un papel de villano. Para Harrison, aquellas producciones representaban una clase de cine muy diferente al que había hecho en Italia, pero también una oportunidad de trabajar dentro de una maquinaria cinematográfica mucho más sofisticada que la explotación europea de la época.

Obituario: Richard Harrison
Marco Polo (1975) Chang Cheh

Años después, Harrison recordaría las películas de Shaw Brothers con bastante más cariño que otras experiencias asiáticas. En una entrevista llegó a señalar que, salvo por Shaw Brothers, su experiencia en Hong Kong no había sido especialmente buena. La diferencia es importante porque Marco Polo y The Boxer Rebellion no eran simples productos improvisados para llenar videotecas, pertenecían al sistema de producción de uno de los grandes estudios de la historia del cine asiático la Shaw Brothers.

Harrison regresó posteriormente a Europa, pero el mercado había cambiado. Los grandes ciclos del peplum y del spaghetti western se habían agotado, y el cine italiano de explotación estaba entrando en una crisis cada vez más profunda enfocada más a producciones eróticas. Él mismo describió aquel momento como una época en la que prácticamente había trabajo o no había trabajo, sin una transición ordenada entre ambos estados. Y entonces volvió a aparecer Hong Kong. Esta vez no sería Chang Cheh quien definiría su legado, sino Godfrey Ho, Joseph Lai y la compañía IFD.

Richard Harrison se convierte en un ninja

La historia de Harrison con Godfrey Ho es una de las grandes rarezas de la historia del cine de bajo presupuesto. La industria occidental estaba viviendo la explosión comercial del videoclub, y del cine ninja. Los productores hongkoneses descubrieron que un rostro estadounidense podía hacer que una película pareciera mucho más atractiva para los mercados internacionales. Joseph Lai y Godfrey Ho desarrollaron un sistema particularmente peculiar de producción con su compañía IFD.

Obituario: Richard Harrison

Adquirían películas asiáticas rodadas previamente en mercados de distribución, posteriormente filmaban pequeñas cantidades de metraje nuevo —la mayoría de las ocasiones con actores vestidos de ninjas y actores occidentales hablando por teléfono— y después combinaban esas escenas con el material existente para crear películas nuevas donde aparecían los nombres de Lai y Ho como directores y ninguna mención a los directores del metraje original. Las películas se distribuían en el mercado explotation con títulos que incluían la palabra Ninja.

Harrison era perfecto para aquel procedimiento. Tenía décadas de experiencia como protagonista de cine de género, hablaba con la autoridad de un actor que llevaba media vida interpretando hombres duros y poseía una imagen reconocible en mercados internacionales. Godfrey Ho lo conocía de su etapa anterior en Hong Kong y le ofreció participar en aquellas producciones. Según la información recogida posteriormente sobre aquella colaboración, Harrison llegó a rodar una cantidad relativamente pequeña de material que sería reutilizado y recompuesto en numerosas películas.

Obituario: Richard Harrison
Ninja Operation: Licensed to Terminate (1987) Joseph Lai

El resultado fue una de las filmografías más desconcertantes jamás asociadas a un solo actor. Ninja Terminator (1985) Godfrey Ho, Proyecto Ninjas del Infierno (1985) Godfrey Ho, Ninja Dragon (1986) Godfrey Ho, Ninja Operation: Licensed to Terminate (1987) Joseph Lai, Ninja: Silent Assassin (1987) Godfrey Ho, The Ninja Showdown (1987) Godfrey Ho, Joseph Lai y Ninja Powerforce (1988) Godfrey Ho, Joseph Lai son algunos de los títulos vinculados a aquella etapa. Harrison aparecía una y otra vez como si fuera un protagonista incansable de una interminable saga ninja, aunque en realidad las películas no constituían una continuidad coherente. Personajes, nombres, tramas y metraje podían cambiar de una producción a otra, mientras el rostro de Harrison proporcionaba una especie de hilo conductor involuntario.

Y entonces llegó el teléfono de Garfield.

Obituario: Richard Harrison
Escena de Ninja Terminator (1985) Godfrey Ho

En Ninja Terminator, Harrison aparece utilizando un teléfono con la forma del famoso gato naranja creado por Jim Davis. Es una imagen tan absurdamente específica que terminó sobreviviendo a la película que la contenía. El concepto es maravilloso precisamente porque nadie parece haber pensado que fuera extraño: un veterano actor estadounidense, convertido en maestro ninja, recibe llamadas trascendentales sobre conspiraciones y combates mientras habla por un enorme teléfono de Garfield. Godfrey Ho explicó posteriormente que aquella clase de detalles procedían de su intento de hacer que las películas resultaran reconocibles y atractivas para el público occidental.

Con el paso del tiempo, aquella escena se convirtió en una de las imágenes más recordadas del cine ninja de videoclub. Harrison, que había interpretado gladiadores, pistoleros y agentes secretos, quedó inmortalizado para una generación posterior como el hombre serio que habla por teléfono con Garfield mientras a su alrededor se desarrolla una película imposible. La cultura de internet terminó de convertir la escena en meme.

Lo más curioso fue que Harrison no parece haber conocido inicialmente hasta qué punto se estaba reutilizando aquel material. Según las fuentes biográficas y entrevistas disponibles, desconocía el alcance del procedimiento de remontaje y descubrió que determinadas escenas suyas habían terminado formando parte de películas adicionales. La experiencia contribuyó a su descontento con aquella etapa y, de acuerdo con la biografía de IMDb, fue uno de los factores que terminaron influyendo en su decisión de abandonar progresivamente la interpretación.

En retrospectiva, existe una cierta injusticia en recordar a Harrison únicamente por aquellas películas. Ninja Terminator y sus compañeras son objetos de culto, pero el actor que aparece en ellas llevaba más de dos décadas trabajando en el cine internacional cuando se puso aquel traje de ninja.

Un actor de otra época

También resulta significativo que Harrison nunca pareciera demasiado preocupado por mantener una carrera convencional. Trabajó como actor, productor, guionista y director. En 1972 codirigió y protagonizó Two Brothers in Trinity, llamada también Dos hermano y una mula (1972) Renzo Genta, Richard Harrison, una comedia western realizada durante el declive del género. Posteriormente participó también en Scalps: Venganza India (1987) Bruno Matei como coguionista. Su filmografía terminó superando ampliamente el centenar de créditos, atravesando países y géneros con una libertad que hoy resulta difícil de imaginar.

Obituario: Richard Harrison
Dos hermanos y una mula (1972) Renzo Genta, Richard Harrison

Su filosofía profesional parecía tener bastante de aventurera. Una semblanza publicada tras su muerte recuerda que su criterio para aceptar determinados trabajos podía estar muy relacionado con el lugar donde se rodaban: el viaje era parte del atractivo.

Durante la década de los ochenta continuó rodando película en lugares tan exóticos como España, donde codirigió y actuó junto a un clon de Bruce Lee, Duelo del Dragón y el Tigre (1980) Bruce Le, Luigi Batzella, Richard Harrison. En Irán participó en Hajji Washington (1982) Ali Hatami, en Filipinas participó en varios explotation de Delta Force, destacando Equipo de rescate (1983) Jun Gallardo (acreditado a veces como John Gale). Participó en Amok (Brutal represión) (1983) Souheil Ben-Barka, película marroquí con cierto prestigio internaocinal. Fue protagonista en la mítica producción francesa Operación en Las Vegas (1988) Norbert Moutier, película que se merece un artículo aparte. De vuelta al cine patrio participó en Dark Mission (Operación cocaína) (1988) Jesús Franco, junto a los Christopher Lee y Christopher Mitchum.

Obituario: Richard Harrison
Duelo del Dragón y el Tigre (1980) Bruce Le, Luigi Batzella, Richard Harrison.

Harrison hablaba varios idiomas, era un lector voraz y disfrutaba especialmente de los animales. Durante décadas llevó una vida internacional que difícilmente habría sido posible para un actor que hubiera permanecido atado a las reglas de Hollywood.

Fuera de los rodajes también cultivó una vida social bastante peculiar. Según personas próximas al actor, Harrison y su esposa organizaban reuniones en las que podían coincidir personajes tan distintos como Gore Vidal, George Cukor, Steve Reeves, Tab Hunter o Linda Christian. Su propia vida llegó a parecerse a una película de la época. Incluso llegó a plantearse una biografía autorizada con un título que resumía perfectamente su trayectoria: My ‘A’ Life in ‘B’ Movies.

Sus últimos trabajos cinematográficos fueron ya muy distintos de los que habían construido su fama. Apareció en Angel Eyes (Propuesta criminal) (1993) Gary Graver y posteriormente en Jerks (2000) Ted Grouya. Después se apartó progresivamente de la interpretación y se dedicó a otros negocios, entre ellos una empresa de electrónica junto a su hijo Sebastian.

Hay actores cuya importancia puede medirse por los grandes premios, los grandes estudios o las películas consideradas oficialmente clásicas. Harrison pertenece a otra categoría. Su legado está desperdigado por los márgenes de la historia del cine, marcado por el cine explotation: copias de peplum italianas, westerns rodados en España, thrillers europeos, producciones de Shaw Brothers, cintas de ninjas de Hong Kong y viejas carátulas de videoclub. Es precisamente esa dispersión la que hace que resulte tan difícil resumirlo. Su historia también representa una época del cine internacional en la que las fronteras eran mucho más permeables.

Por eso quizá su etapa hongkonesa, con todos sus absurdos, sea la mejor metáfora de Richard Harrison. En una escena mítica de Ninja Terminator todo eso aparece comprimido en una imagen imposible: Harrison, inexpresivo y solemne, enfundado en ropa de ninja, sosteniendo un teléfono de Garfield como si el destino del mundo dependiera de aquella llamada.

Richard Harrison murió a los 90 años, Y entre todos esos universos siempre quedará aquel Richard Harrison que, después de haber sido gladiador, pistolero y aventurero, terminó convertido en el hombre del cine más extraño de los años ochenta. Richard Harrison, de alguna manera, consiguió serlo todavía más.

Obituario: Richard Harrison
Avatar de Charles A.R. Byrne

Breve Historia Desconocida: De Indios y Doblaje

La presencia de nativos americanos en el cine se remonta al año 1894, cuando la compañía cinematográfica de Thomas Alva Edison filmó a miembros del espectáculo Wild West de Buffalo Bill en su estudio Black Maria en Nueva Jersey. Estas películas, de apenas unos segundos o un minuto, están consideradas como algunas de las primeras de temática western. Las películas de Edison, dirigidas por William K.L. Dickson mostraron actuaciones reales de los participantes del circo de William F. Cody, incluyendo nativos americanos bailando y exhibiciones de tiro. También filmó a la famosa tiradora Annie Oakley, exhibiendo su puntería

Las imágenes de los nativos causaron gran expectación, pero se daba la circunstancia que tan solo cuatro años antes se había producido la masacre de Wounded Knee. En aquel enfrentamiento el regimiento del 7º de Caballería estadounidense abrió fuego contra un campamento de siux, asesinando a noventa hombres y doscientas mujeres y niños que se habían rendido previamente, la acción se justificó alegando que no querían entregar las armas. Así, de este modo, la aparición en pantalla de los nativos americanos en el cine coincidió en el tiempo con las últimas masacres de indios cometidas con el gobierno de EEUU.

La invención del doblaje cinematográfico se remonta al año 1928 y se atribuye a Edwin Hopkins y a Jacob Karol. The Night Flyer (1928) Walter Lang, fue la primera película de la historia que se dobló, y fue al alemán.

Breve Historia Desconocida: De Indios y Doblaje
Programa del Cine Dore

La primera película sonora estrenada en España fue La Canción de París (1929) Richard Wallace, protagonizada por Maurice Chevalier (sólo estaban sonorizadas las canciones interpretadas por Chevalier, pero los diálogos venían en original), el 19 de Septiembre de 1929 en el cine Coliseum de Barcelona, que fue el primer cine español en instalar los equipos de sonido de Western Electric.

The Night Flyer (1928) Walter Lang
The Night Flyer (1928) Walter Lang

La llegada del cine sonoro marcó un gran revés para los estudios de Hollywood, el corazón de la industria norteamericana. Sus exportaciones a países de habla no inglesa corrían un gran peligro; el público no aceptaba la inserción de los subtítulos sobre las imágenes, y las recaudaciones caían en picado. Todos los estudios, encabezados por Warner y Paramount, se agruparon encontrar la manera de frenar aquella debacle.

Se barajaron varias soluciones. Una de ellas fue la del doblaje, pero, en aquel momento, la técnica de sonorización no ofrecía suficientes garantías de calidad, como se había comprobado al intentar doblar la voz de algunos actores del cine mudo que no conseguían adaptarse al sonoro. La fórmula que eligieron resultaba muy costosa, pero confiaban en que, con el tiempo, resultaría rentable y les permitiría seguir manteniendo la supremacía en la producción de películas.

Se trataba de rodar varias versiones de algunas películas. Primero se realizaría la versión en inglés y, luego, usando los mismos platós, se aprovecharían los decorados, el atrezo, el vestuario, etc., y se rodarían las otras versiones, traduciendo y adaptando el guion a cada idioma. La clave estaba en contratar equipos de actores, actrices y guionistas-adaptadores de Francia, Alemania, Italia y España. En este último caso, se contaría también con profesionales de países americanos de habla hispana.

El equipo español que inició esta aventura lo encabezaba el guionista y director Edgar Neville. En el grupo de intérpretes estaban Juan Torena, Ángeles Benítez, Carlos Villarías y María Calvo, quienes, entre otros papeles, encarnaron a los principales personajes de El valiente (1929) William K. Howard, película que en inglés habían protagonizado Paul Muny y Edith Yorke.

Aquella idea brillante para los ejecutivos de los estudios, fracasó estrepitosamente, tanto en Europa como en Hispanoamérica. El público quería ver en la pantalla a las grandes estrellas de Hollywood, y consideraba que le estaban tangando. En España, este problema se veía agravado por el hecho de que, aunque el idioma que se oía era el nuestro, estaba mezclado con los peculiares acentos de
los actores hispanoamericanos.

A título de prueba, en 1929 se llevó a cabo en Hollywood el primer doblaje en castellano, solo que todos los actores que intervinieron eran sudamericanos. Río Rita (1929) Luther Reed, fue la película elegida, y aunque en España tuvo una pésima acogida, en el continente americano causó sensación. Tanto que sentó las bases para encontrar la solución definitiva. Aunque, realmente, la primera película que se exhibió doblada fue Desamparados (Derelict) (1931) Rowland V. Lee, estrenándose a finales de 1931 en el Cine Savoy de La Coruña.

Río Rita (1929) Luther Reed
Río Rita (1929) Luther Reed

Se volverían a contratar a varios equipos artísticos de diversos países para llevar a cabo los correspondientes doblajes. Pero, en esta ocasión, el centro de operaciones sería en Europa, los primeros doblajes en castellano se hacían en Des Reservoirs en Joinville-le-Pont, cerca de París, propiedad del estudio Paramount.

Así, en el año 1931 procedentes desde España acudieron a la cita parisina, entre otros actores y
actrices; Irene Guerrero de Luna, Manuel de Juan, Félix de Pomes y Paz Robles. Al frente de la expedición iba el ya prestigioso director Luis Buñuel, quién dirigió los ensayos para hacer ese primer doblaje. La primera película que se dobló al castellano con un reparto exclusivamente de actores españoles fue Entre la espada y la pared (1932) Marion Gering, con Gary Cooper de protagonista.

La experiencia resultó ser todo un éxito, y a los distintos equipos artísticos se les amplió el contrato para que siguieran trabajando en París hasta que sus respectivos países estuvieran en condiciones de realizar los doblajes.

Entre la espada y la pared (1932) Marion Gering
Cartel original de Entre la espada y la pared (1932) Marion Gering

Entre 1933 y 1934 aparecieron los primeros estudios de doblaje en España. Así en Madrid destacaron Fono España, con el italiano Hugo Donarelli al frente, y Cinearte-Iberson. En este estudio también se rodaban películas. Por su parte en Barcelona, Metro-Goldwyn-Mayer fue pionera, junto a Trilla-La Riva y Acústica.

Durante aquellos años el volumen de trabajo de la Metro superaba a todos los demás estudios. No sólo doblaban las películas de su estudio, sino también las de otros estudios norteamericanos y coproducciones europeas. Además, el estudio de la Metro tenía algo peculiar que lo diferenciaba
del resto: sus grandes estrellas mantenían las mismas voces en todas sus películas dobladas en España.

Esto era posible gracias a que, tanto los estudios de la Metro en Hollywood, como su estudio de doblaje en Barcelona, tenían contratados unos extensos y variados equipos de actores.

Así en los doblajes en aquellos tiempos, Clark Gable tenía la voz de Rafael Luis Calvo; Judy Garland, la de Elsa Fábregas; Spencer Tracy, la de José María Ovies; Ethel Barrymore, la de Carmen Robles;
James Steward, la de Fernando Ulloa; Gene Kelly, con la de Víctor Ramírez; Barry Fitzgerald,
era doblado por Julio Alimany, entre otros.

La mayoría de los estudios de cine de Hollywood tenían sus delegaciones en Barcelona, y sus films se doblaban allí. Sin embargo, algunas de sus “películas estrella” encabezaban lotes donde se incluían otras películas menos comerciales, y se ofrecían al mejor postor, sobre todo a distribuidores independientes. Por su parte desde Madrid sus estudios de doblaje ya ostentaban la primacía en el doblaje de films europeos.

Para el periodo de entreguerras el doblaje ya se había asentado y era un negocio seguro, sobre todo para el omnipotente Hollywood. Artísticamente, suscitó protestas entre sus detractores, que reclamaban poder oír la voz original de los actores, que se perdían por el doblaje.

Hollywood no tardaría en verse afectado por los conflictos bélicos; primero por la Guerra Civil española,
y luego por la II Guerra Mundial. En 1936, España, prácticamente dejó de importar y doblar películas. Durante y después de la contienda, Alemania había ofrecido a nuestros cineastas la utilización de los estudios que la Universum Film Ag, conocida como UFA, tenía en Berlín, y allí acudieron en más de una ocasión a rodar películas y documentales.

Tras la Segunda Guerra Mundial, España dejó temporalmente de importar cine de los países aliados, aunque pronto retomó su entrada por la influencia económica de Estados Unidos. En este contexto, el doblaje se consolidó como práctica habitual, favorecido por una orden (no oficial) de 1941 que prohibía la exhibición de películas en versión original. Esto respondía a un interés del Estado: controlar los contenidos, mantener una fuente de ingresos estable y ofrecer al público una vía de evasión. Además, se prohibieron específicamente las versiones originales en catalán y euskera, reforzando la uniformidad lingüística y política.

En cualquier caso, esto desmiente a los que sostienen que el doblaje fue cosa del Generalísimo Franco, al que se achacaba su desconocimiento de idioma inglés. Realmente lo que sí hizo el Régimen fue utilizar el sistema de doblaje para censurar las películas. Si ya lo venía haciendo cortando escenas o, simplemente, prohibiendo toda una película. Ahora tenía otra arma a su servicio para
modificar los diálogos.

Lo que llevaría a situaciones esperpénticas como el doblaje de Mogambo (1953) John Ford. Donde el personaje de Clark Gable tenía un inocente romance con Grace Kelly, casada con el personaje interpretado por Donald Sinden. Para hacer desaparecer un posible adulterio, el censor convirtió al matrimonio en hermanos dando como resultado que lo aparecía en la película era un posible incesto. O como ocurrió con el film Arco de Triunfo (1947) Lewis Milestone. Donde en una escena a Ingrid Bergman se le pregunta si el caballero que la acompaña es su esposo. Ella realiza un gesto de negación bastante explicito con la cabeza mientras que sus labios profieren un «sí» en la versión doblada al castellano.

Los efectos de la censura también se dejaron ver en Casablanca (1942) Michel Curtiz. Esta obra mítica contiene muchos cambios realizados por el doblaje. En cuanto a los hechos por la censura se cambia el pasado de Rick (Humprey Bogart) que cuenta que participó en la guerra civil española con el bando republicano. El doblaje franquista no podía permitirlo y lo altera diciendo que luchó contra la anexión de Austria por los nazis. En 1983 se hizo un redoblaje en el que se dejó de ocultar ese dato del pasado de Rick aunque no se arreglaron otros errores que todavía continúan.

Mogambo (1953) John Ford
Mogambo (1953) John Ford

En 1947 se realizó el que, todavía hoy, es considerado el gran doblaje español de la historia: Lo que el viento se llevó (1939) Victor Fleming, George Cukor, Sam Wood. Se realizó en los estudios de la Metro Goldwyn Mayer y, con la técnica actoral llevada a cabo, marcó una línea a seguir por el resto de los estudios.

Durante mucho tiempo, en España se escucharon las películas con doblaje latino porque las condiciones laborales de los actores de doblaje eran precarias. Así títulos de Disney como La Sirenita, La Bella Durmiente y La Cenicienta son ejemplos de películas que tardaron muchos años en ser dobladas al castellano de España. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, la industria del doblaje en España adquirió poder y hoy es reconocida como una de las mejores del mundo.

Y qué tienen que ver los indios con el doblaje en España.

En muchos wésterns estadounidenses, en su versión original, los pueblos indígenas aparecen hablando español. Esto se explica porque numerosas de estas historias se sitúan en territorios que pertenecieron al México colonial o que fueron previamente ocupados por España antes de pasar a manos de Estados Unidos. Debido a este concepto, el cine mantuvo la idea de que los nativos utilizaban la lengua de esos antiguos dominadores. De hecho, figuras históricas como Gerónimo empleaban el español; se sabe que relató su autobiografía en este idioma a un militar estadounidense que luego la tradujo al inglés.

No obstante, es probable que muchas tribus cercanas a la frontera mexicana usaran el náhuatl como lengua común durante la época colonial. Este idioma llegó a funcionar como lengua franca y fue reconocido por los españoles en amplias regiones que hoy abarcan México, el sur de Estados Unidos y parte de Centroamérica. Además, estaba vinculado a grandes civilizaciones mesoamericanas y forma parte de la familia lingüística yutoazteca.

Es en este contexto donde encontramos un ejemplo significativo dentro del doblaje al español. Fort Apache (1948) John Ford, durante el metraje de la película hay una escena, donde un destacamento de soldados van a hablar con los indios, que hablan español ya que son de una tribu de Nuevo México, mediante un intérprete. Llevan con ellos a un traductor mexicano (interpretado por Pedro Armendáriz). El jefe indio habla español y el traductor se lo traduce a los soldados al inglés. Sin embargo, cuando tuvieron que realizar el doblaje al castellano, esta diferencia lingüística desaparecía, generando incoherencias.

En un intento para resolver este problema, los adaptadores decidieron crear un lenguaje artificial que diferenciara a los personajes para mantener el conflicto lingüístico con los soldados. Así nació el llamado “español indio” de las películas, un recurso que permitió mantener el sentido de la escena y que, con el tiempo, se convirtió en una convención habitual del doblaje de wésterns en España.

Fort Apache (1948) John Ford
Cartel japonés de Fort Apache (1948) John Ford

Al Borde del Spoiler: Las eróticas aventuras de Don Quijote (1976)

The Amorous Adventures of Don Quixote and Sancho Panza (1976) Raphael Nussbaum una versión del clásico de Cervantes donde recrea la historia de Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza, pero en tono jocoso y erótico. Algunas frases publicitarias que lanzaron la película en su estreno fueron las siguientes: «La llave de el paraiso…», «A la carga rocinante», «Su lanza era la más poderosa de La Mancha», «El último fandango en España», «La más original y erótica comedia del siglo»…

La producción erótica The Amorous Adventures of Don Quixote and Sancho Panza, de Raphael Nussbaum, convierte las andanzas del personaje en hazañas amatorias en un musical erótico. El producto, cuya escasa calidad deja indiferente a la crítica, cuenta entre sus intérpretes a Corey John Fisher (don Quijote), Hy Pyke (Sancho Panza), Shmuel Livneh, Adriana Van Hemert, Roberta Reeves y Sandy Carey. La cinta llega al público bajo el expresivo subtítulo When Sex Was A Knightly Affair.

Rodada en La Mancha, en los paisajes que una vez hubiera recorrido el propio Don Quijote. Cuenta con la participación de Patrice Rohmer, una actriz rubia muy radiante, bien formada y sexy que tuvo una carrera como actriz extremadamente fugaz, pero hizo todo lo posible para animar en gran medida el pequeño puñado de películas de autocine de los 70 que adornó con su presencia contagiosamente atractiva, enérgica y desinhibida.

Vademécum de Her Doktor: Tren de lavado Topless (1992)

Una cinta explotation softcore, de las que tanto proliferaron a comienzo de la década de los 90’s y que desparecieron con la llegada de la era de internet. The Bikini Carwash Company (1992) Ed Hansen, dirigida por quien fuera montador en 9 Semanas y media (1986) Adrian Lyne, que se hizo una carrera como director y guionistas de películas eróticas de bajo presupuesto. La película cuenta con un cameo de Jim Wyrnoski y fue el primer papel y primera desnudez profesional para Neriah Davis, quien se convirtió en la Playmate del Mes de Playboy en marzo de 1994 y en la primera finalista de Playmate por el 40 aniversario de Playmate.

Director: Ed Hansen

Nacionalidad: EEUU

Vademécum de Her Doktor: Tren de lavado Topless (1992)
Vademécum de Her Doktor: Tren de lavado Topless (1992)
Vademécum de Her Doktor: Tren de lavado Topless (1992)
Vademécum de Her Doktor: Tren de lavado Topless (1992)

Bueno… salvo por algún despelote gratuito, sin venir a cuento, la historia está bien enlazada y el director es capaz de mantener la tensión durante todo el metraje del film, para premiarnos con un desenlace final espectacular y lleno de giros dramáticos. A destacar el acierto en el casting del exhibicionista playero, y la interpretación de los amigos playeros de las musas. La banda sonora nos lleva a un viaje gum-pop gracias a una meticulosa selección de temas dinámicos con influencia de glam-metal de los ochenta. Con respecto a la fotografía, se agradece la inclusión de planos arriesgados y novedosos, en los que se incluyen hombros y medias espaldas de personajes fuera de contexto con el objetivo de dotar de un cierto realismo noir a la ya de por sí detallada narración. El mensaje de fondo cala hondamente en el espectador, invitándole a la reflexión sobre la renovación de los valores intrínsecos de los complejos personales expresado magistralmente con la puesta en escena de un tren de lavado.

Her Doktor

Obituario: Gene Hackman

Obituario: Gene Hackman

Obituario de Gene Hackman: Un Legado Inolvidable en la Historia del Cine

Eugene Allen Hackman, conocido mundialmente como Gene Hackman, falleció el 17 de febrero de 2025 en su residencia de Santa Fe, Nuevo México, a la edad de 95 años. Su esposa, Betsy Arakawa, y uno de sus perros también fueron encontrados sin vida en el lugar. La noticia de su partida deja un vacío inmenso en el mundo del cine, donde Hackman se consolidó como uno de los actores más versátiles y respetados de su generación.

Nacido el 30 de enero de 1930 en San Bernardino, California, Hackman fue hijo de Eugene Ezra Hackman y Lyda Gray. Su infancia estuvo marcada por constantes mudanzas hasta establecerse en Danville, Illinois, en casa de su abuela materna. A los 13 años, sus padres se divorciaron, y poco después, su padre abandonó a la familia, un hecho que impactaría profundamente en la vida de Gene. A los 16 años, mintió sobre su edad para alistarse en los Marines, donde sirvió como operador de radio en China, Hawái y Japón durante tres años.

Obituario: Gene Hackman

Tras su servicio militar, Hackman exploró diversas ocupaciones antes de decidirse por la actuación. Estudió periodismo y televisión en la Universidad de Illinois, pero su pasión por el arte dramático lo llevó a inscribirse en la Pasadena Playhouse en Los Ángeles. Allí conoció a Dustin Hoffman, con quien formaría una amistad duradera. A pesar de ser considerados «los menos propensos al éxito» por sus instructores, ambos desafiaron las expectativas y se convirtieron en figuras icónicas de Hollywood.

El debut cinematográfico de Hackman se produjo con un pequeño papel en Mad Dog Coll (1961) Burt Balaban, aunque no fue acreditado. Su primer rol significativo llegó en Lilith (1964) Robert Rossen, compartiendo pantalla con Warren Beatty y Jean Seberg. Sin embargo, fue su interpretación de Buck Barrow en Bonnie and Clyde (1967) Arthur Penn, la que le valió su primera nominación al Óscar como Mejor Actor de Reparto, catapultándolo al reconocimiento internacional.

La década de 1970 fue especialmente prolífica para Hackman. En 1971, protagonizó The French Connection (1971) William Friedkin, interpretando al intrépido detective Jimmy «Popeye» Doyle, papel que le otorgó el Óscar al Mejor Actor. Este éxito consolidó su estatus en la industria cinematográfica.

Obituario: Gene Hackman

Posteriormente, trabajó en La aventura del Poseidón (1972) Ronald Neame, donde encarnó al Reverendo Frank Scott. En La conversación (1974) Francis Ford Coppola, dio vida a Harry Caul, un experto en vigilancia, en una actuación que él mismo consideró una de las mejores de su carrera. Otros títulos destacados de esta década incluyen Scarecrow (1973) Jerry Schatzberg, compartiendo protagonismo con Al Pacino, y Night Moves (1975) Arthur Penn, donde interpretó al detective privado Harry Moseby. Y quizás su papel más recordado de la década de los 80’s fuera su Lex Luthor en Superman (1978) Richard Donner.

Durante los años 80, Hackman continuó demostrando su versatilidad al asumir una amplia gama de personajes. En Under Fire (1983) Roger Spottiswoode, interpretó a Alex Grazier, un periodista en medio de conflictos políticos. En Hoosiers (1986) David Anspaugh, encarnó a Norman Dale, un entrenador de baloncesto en busca de redención, en una actuación que se convirtió en un clásico del cine deportivo. Ese mismo año, participó en Power (1986) Sidney Lumet, interpretando a Wilfred Buckley, un influyente consultor político.

Obituario: Gene Hackman

Uno de sus papeles más recordados de esta década fue el de Rupert Anderson en Mississippi Burning (1988) Alan Parker, donde interpretó a un agente del FBI investigando crímenes raciales en el sur de Estados Unidos, actuación que le valió una nominación al Óscar como Mejor Actor.

La década de 1990 trajo consigo más éxitos y reconocimientos para Hackman. En Unforgiven (1992) Clint Eastwood, interpretó al despiadado sheriff Little Bill Daggett, papel que le otorgó su segundo Óscar, esta vez como Mejor Actor de Reparto. Su capacidad para encarnar personajes complejos y moralmente ambiguos quedó nuevamente demostrada.

Otros trabajos destacados de esta década incluyen The Firm (1993) Sydney Pollack, donde actuó junto a Tom Cruise interpretando a Avery Tolar, un abogado con secretos oscuros; The Quick and the Dead (1995) Sam Raimi, donde encarnó al villano Herod; y Get Shorty (1995) Barry Sonnenfeld, donde dio vida a Harry Zimm, un productor de cine de serie B.

En los años 2000, Gene Hackman siguió deslumbrando con su talento en la gran pantalla. En The Royal Tenenbaums (2001) Wes Anderson, interpretó a Royal Tenenbaum, el patriarca de una familia de prodigios caídos en desgracia. Su actuación fue ampliamente elogiada, con una mezcla perfecta de humor y drama, lo que le valió un Globo de Oro como Mejor Actor en una Película de Comedia o Musical.

En Enemy of the State (1998) Tony Scott, aunque estrenada en la década anterior, Hackman tuvo un papel fundamental como Edward Lyle, un exespía que ayuda a un abogado (Will Smith) a escapar de una conspiración gubernamental. Este thriller tecnológico fue un éxito de taquilla y mostró a Hackman en un personaje reminiscentemente similar al de The Conversation (1974).

En Runaway Jury (2003) Gary Fleder, basado en la novela de John Grisham, Hackman interpretó a Rankin Fitch, un cínico y manipulador consultor de jurados, enfrentándose en pantalla con John Cusack y Dustin Hoffman en un duelo actoral memorable.

Obituario: Gene Hackman

Su última película antes de retirarse fue Welcome to Mooseport (2004) Donald Petrie, una comedia ligera en la que interpretó a un expresidente de los Estados Unidos que se postula como alcalde en un pequeño pueblo. A pesar del elenco, la película recibió críticas mixtas y no tuvo el impacto de sus anteriores trabajos.

Tras esta última producción, Hackman anunció su retiro de la actuación. Alegó motivos de salud y un deseo de disfrutar de una vida más tranquila fuera del ajetreo de Hollywood. A diferencia de muchos de sus colegas, nunca volvió de su retiro para cameos o apariciones especiales.

Después de su retiro, Gene Hackman se dedicó a la escritura, publicando varias novelas de ficción histórica y thrillers. Entre sus libros más notables se encuentran:

«Wake of the Perdido Star» (1999), coescrita con Daniel Lenihan, una novela de aventuras marítimas.

«Justice for None» (2004), ambientada en la Gran Depresión, con una historia de venganza y corrupción.

«Escape from Andersonville» (2008), sobre un prisionero de la Guerra Civil estadounidense que intenta escapar de un campo de prisioneros confederado.

Estos libros mostraron su amor por la historia y el detalle narrativo, logrando cierto reconocimiento en el mundo literario.

En su vida personal, Hackman vivió alejado de los reflectores en Santa Fe, Nuevo México, junto a su esposa, Betsy Arakawa, con quien estuvo casado desde 1991. Su amor por las carreras de autos, la arquitectura y la pintura ocupó gran parte de su tiempo libre.

Gene Hackman dejó un legado incomparable en la industria del cine. Su capacidad para interpretar tanto héroes como villanos con igual maestría lo convirtió en uno de los actores más versátiles de la historia. Ganador de dos premios Óscar, cuatro Globos de Oro y un BAFTA, su impacto en el cine es incuestionable.

Obituario: Gene Hackman

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Producida y dirigida por Ivan Reitman, fue nominada a los premios Oscars con dos nominaciones en Efectos Especiales y Canción original (que luego resultó no ser tan original como se pensaba). El trabajo de efecto recayó en Richard Edlund y su equipo, quienes trabajaron sobre los diseños de Berni Wrightson.