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Breve Historia Desconocida: La fotografía de El Resplandor

El resplandor (1980) Stanley Kubrick finaliza la película con la inquietante escena final, la cámara se aproxima lentamente a una fotografía del baile celebrado el 4 de julio de 1921 del Hotel Overlook. En el centro aparece Jack Torrance, interpretado por Jack Nicholson, sonriendo entre una multitud de asistentes.

Cuando Stanley Kubrick preparaba El resplandor a finales de los años setenta, necesitaba una imagen muy concreta para cerrar la película. En lugar de organizar una sesión fotográfica con actores y figurantes vestidos de época, Kubrick decidió partir de una fotografía histórica auténtica.

La imagen elegida mostraba a decenas de personas elegantemente vestidas durante un baile celebrado en Londres en los años veinte. Kubrick conocía bien el valor visual de las fotografías históricas y había trabajado extensamente con archivos iconográficos durante la preparación de sus películas. Una fotografía auténtica proporcionaba algo difícil de reproducir artificialmente: la disposición espontánea de los cuerpos, los rostros, la iluminación y, sobre todo, la textura visual de una verdadera fotografía social de comienzos del siglo XX.

Pero todavía faltaba un pequeño detalle había que introducir al actor Jack Nicholson en la composición de la fotografía. La transformación se realizó mediante un fotomontaje. El rostro original de uno de los asistentes fue sustituido por el de Jack Nicholson, mientras se conservó su cuerpo, su postura y prácticamente toda la composición histórica. También se modificaron determinados elementos de la imagen para integrarla en la ficción del Hotel Overlook y convertir aquella image de un baile real en el supuesto Overlook Hotel, July 4th Ball, 1921.

Breve Historia Desconocida: La fotografía de El Resplandor
Overlook Hotel, July 4th Ball, 1921.
Imagen que aparece al final de la cinta de El Resplandor (1980) Stanley Kubrick

Durante décadas se desconoció el origen exacto de una célebre fotografía, se sabía que correspondía a un gran baile celebrado en Londres durante los años veinte. Se sabía que era una imagen auténtica de la época, pero habían desaparecido de su historia datos fundamentales: quiénes eran aquellas personas, dónde se había tomado y qué acontecimiento había reunido a aquella multitud ante la cámara.

Más de un siglo después, una investigación emprendida por Alasdair Spark, con la colaboración durante buena parte de la búsqueda de Aric Toler, periodista de Visual Investigations de The New York Times, consiguió reconstruir su procedencia.

La investigación comenzó intentando identificar al hombre situado en el centro de la fotografía. Los primeros resultados obtenidos mediante reconocimiento facial apuntaron hacia Santos Casani, un conocido bailarín, profesor de baile y empresario de la vida nocturna londinense de los años veinte y treinta. La investigación biográfica permitió descubrir que Casani había utilizado anteriormente el nombre de John Golman.

Breve Historia Desconocida: La fotografía de El Resplandor
Patrons at a St. Valentine’s dance and ballroom dancing competition in the Empress Rooms at the Royal Palace Hotel, Kensington, London, 14th February 1921. In the foreground (centre) is South African ballroom dancing teacher Santos Casani (aka John Golman). (Photo by Morey/Topical Press Agency/Hulton Archive/Getty Images)

Mucho antes de convertirse en Santos Casani, el hombre que llegaría a ser uno de los personajes más reconocibles del mundo del baile londinense de entreguerras tuvo varios nombres y, en cierto modo, varias vidas. Nació el 14 de abril de 1893 como Joseph Zisling, en Baranavichy —entonces Baranowitz, dentro del Imperio ruso y actualmente en Bielorrusia—, en el seno de una familia judía encabezada por el rabino Zvi Menachem Zisling y Esther Kaplan. Uno de sus hermanos, Aharon Zisling, seguiría un camino completamente distinto y acabaría convirtiéndose décadas después en una figura importante del nacimiento del Estado de Israel y en su primer ministro de Agricultura. Joseph, sin embargo, abandonó muy joven Europa oriental y comenzó una existencia marcada desde el principio por los desplazamientos y los cambios de identidad.

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Hacia 1908 o 1909, siendo todavía adolescente, fue enviado al Transvaal, en Sudáfrica, donde trabajó para un tío suyo que tenía un negocio de vinos y licores en Krugersdorp. Allí comenzó también la complicada historia de sus nombres.

En distintos documentos aparece como Joseph Goldman, Joe Goldman, John Goldman y finalmente John Golman. Estas variaciones no fueron un detalle menor: décadas más tarde, cuando solicitó la nacionalidad británica, las autoridades del Home Office tuvieron serias dificultades para reconstruir quién era exactamente aquel hombre que había vivido bajo diferentes identidades y ofrecía versiones contradictorias incluso sobre su propio lugar de nacimiento.

La guerra terminó por llevarlo hasta Gran Bretaña. Después de una primera experiencia militar en África austral, sirvió en las fuerzas británicas y acabó vinculado al Royal Flying Corps y posteriormente a la recién creada Royal Air Force bajo el nombre de John Golman. Su vida cambió radicalmente el 10 de octubre de 1919. Mientras estaba destinado en RAF Leuchars, en Escocia, sufrió un grave accidente aéreo.

Sobrevivió, pero padeció quemaduras y severas lesiones en la cabeza y el rostro, incluyendo fracturas craneales y nasales. Pasó aproximadamente un año entrando y saliendo de hospitales militares, especialmente RAF Finchley, y fue sometido a cirugía reconstructiva en una época en la que la reconstrucción facial moderna apenas comenzaba a desarrollarse como consecuencia de las terribles heridas producidas por la Primera Guerra Mundial.

Su nariz tuvo que ser reconstruida en gran medida y las lesiones dejaron señales permanentes en su rostro. Cuando abandonó el servicio activo a finales de 1920 recibió una pensión por discapacidad del 40 %. Tenía veintisiete años y debía reconstruir no solamente su apariencia, sino también su vida. Lo sorprendente es el camino que eligió: comenzó a practicar judo y se introdujo en el mundo del baile.

A finales de 1921 comenzó a utilizar profesionalmente un nombre mucho más teatral: Santos Casani. Todo indica que comprendió perfectamente algo esencial del mundo del espectáculo: un bailarín profesional necesitaba no solo saber bailar, sino construir un personaje reconocible. En 1925 terminó formalizando el cambio de nombre y John Golman fue desapareciendo progresivamente de la vida pública. Muy pronto se convirtió en un conocido profesor y bailarín de salón en Londres.

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Santos Casani y Jose Lennard bailando Charleston.

Durante los años veinte Casani se convirtió en una figura cada vez más conocida del baile de salón británico. Su gran compañera artística fue Jose Lennard, con quien formó desde aproximadamente 1923 una pareja profesional especializada en exhibiciones y demostraciones. Ambos comprendieron muy pronto el enorme potencial de los nuevos medios de comunicación. No se limitaron a enseñar en academias: aparecieron ante las cámaras de los noticiarios cinematográficos enseñando al público los bailes que estaban de moda.

De todas sus acciones publicitarias, ninguna representa mejor su personalidad que la célebre exhibición en la que Casani y Lennard bailaron el Charleston sobre el techo de un taxi londinense en movimiento. La escena fue filmada y se convirtió en una de esas imágenes que todavía hoy aparecen ocasionalmente en documentales sobre los “felices años veinte”. El número tenía algo de clase de baile, algo de espectáculo circense y mucho de publicidad. Casani entendía perfectamente que para vender el baile había que convertirlo en noticia.

No era simplemente un bailarín extravagante. También fue un importante divulgador de la transformación que estaba experimentando el baile social británico. Publicó manuales destinados a enseñar a bailar sin necesidad de acudir constantemente a un profesor, entre ellos Casani’s Self-Tutor of Ballroom Dancing, publicado en 1927, y posteriormente Casani’s Home Teacher: Ballroom Dancing Made Easy, de 1936. Su actividad coincidió con una época en la que el baile de salón se estaba estandarizando y profesionalizando, mientras ritmos procedentes de Estados Unidos modificaban profundamente las costumbres de ocio europeas.

Casani convirtió progresivamente su nombre en una marca. Dirigió una importante escuela de baile, primero en Knightsbridge y después en Regent Street, una de las direcciones comerciales más prestigiosas de Londres. Su gran proyecto llegó en 1933 con la apertura del Casani Club, en Imperial House, Regent Street. No era únicamente una academia, sino un sofisticado espacio de ocio donde se mezclaban baile, música, restauración y vida social.

El club quedó relacionado con algunos nombres importantes de la música popular británica. Casani contrató al pianista y director de orquesta Charlie Kunz, cuya popularidad aumentó enormemente gracias, entre otras cosas, a las emisiones radiofónicas realizadas desde el establecimiento. Por aquel ambiente pasó también una jovencísima Vera Lynn, mucho antes de convertirse durante la Segunda Guerra Mundial en una de las voces más queridas de Gran Bretaña. Casani no era ya simplemente alguien que enseñaba pasos de baile: se había convertido en empresario, promotor y mediador entre músicos, bailarines, radio y público.

Pero su ambición empresarial terminó superando sus posibilidades económicas. Se involucró también en proyectos relacionados con Firbeck Hall, en Yorkshire, y la expansión de sus negocios acabó provocando graves dificultades financieras. En 1938 fue declarado en bancarrota. El hombre que había convertido su nombre en sinónimo de elegancia, baile y vida nocturna londinense había perdido buena parte de aquello que había construido.

Casani regresó al servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, esta vez en el Royal Army Service Corps. Su carrera militar resulta tan peculiar como el resto de su vida, porque terminó aplicando precisamente aquello que había aprendido en los salones de baile a una necesidad completamente diferente: mantener la moral de los soldados. Organizó actividades recreativas, bailes y espectáculos para las tropas y terminó destinado en India y el sudeste asiático. Una de las iniciativas asociadas a su trabajo fue el llamado Butlin Ballet, un conjunto de entretenimiento destinado a ofrecer espectáculos a los militares. Al finalizar su servicio había alcanzado el rango de teniente coronel, una transformación extraordinaria para alguien cuya imagen pública anterior había sido la de un extravagante maestro de Charleston.

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Dance master Santos Casani (right), circa 1930. (Photo by Fox Photos/Hulton Archive/Getty Images)

Después de la guerra intentó trasladar aquella experiencia al mundo civil. Participó en proyectos relacionados con la rehabilitación y el ocio de los veteranos y colaboró durante un tiempo con el universo de los campamentos vacacionales de Billy Butlin, defendiendo la importancia del entretenimiento organizado y las actividades recreativas. Sin embargo, sus problemas económicos regresaron y en 1951 volvió a declararse en bancarrota.

Ese mismo año se casó con Joan Winifred Tilney, una mujer que también llevaba físicamente las consecuencias de la guerra: había perdido una pierna durante el Blitz. La pareja se hizo relativamente conocida en determinados círculos sociales londinenses durante los años cincuenta y sesenta y protagonizó algunas pequeñas historias recogidas por la prensa. Una de las más curiosas tenía como protagonista a su periquito, Poochi, que los acompañaba habitualmente. En 1961 la prensa llegó a publicar una historia sobre el ave bajo un título que podría traducirse como “Un martini para el periquito”, muestra del carácter excéntrico con el que la pareja era presentada en las páginas sociales.

También su relación con las autoridades británicas produjo episodios singulares. Casani había pasado gran parte de su vida reinventando su identidad y ofreciendo versiones poco consistentes sobre sus orígenes. Durante su proceso de naturalización afirmó haber nacido en Krugersdorp, Sudáfrica, algo que las propias autoridades sudafricanas negaron. El Home Office tuvo que investigar su pasado, sus distintos nombres y sus movimientos entre Rusia, África y Gran Bretaña. Finalmente obtuvo la ciudadanía británica en 1950, pero la cuestión de su lugar de nacimiento resultó suficientemente problemática como para que sus documentos oficiales evitaran consignarlo de manera convencional.

Santos Casani murió en Londres el 11 de septiembre de 1983, a los noventa años. Su esposa Joan murió seis años después. Para entonces, el mundo que lo había hecho famoso prácticamente había desaparecido. Los grandes salones de baile de entreguerras habían perdido su centralidad, el Casani Club pertenecía al pasado y su nombre era conocido principalmente por especialistas en la historia del baile y por aficionados a antiguas filmaciones británicas.

Breve Historia Desconocida: La fotografía de El Resplandor
Kate Brenda Holberton, Lady Muir Mackenzie (centre) congratulates Anna Elizabeth Green (Mrs Neville Green, left) and her dance partner, professional dance teacher Santos Casani (aka John Golman), after they won a ballroom dancing competition at a St. Valentine’s dance held at the Empress Rooms at the Royal Palace Hotel, Kensington, London, 14th February 1921. On the right is dance teacher and competition organiser, Belle Harding. (Photo by Morey/Topical Press Agency/Hulton Archive/Getty Images)

Volviendo al tema de la historia de la fotografía, sin embargo, identificar al protagonista no resolvía el misterio principal. Durante meses se rastrearon hemerotecas y archivos fotográficos, se revisaron centenares de salones de baile, hoteles, teatros, restaurantes y locales relacionados con la trayectoria de Casani, pero ninguno coincidía con el escenario de la imagen. La búsqueda partía además de un problema inesperado: la fotografía nunca había sido publicada en la prensa de la época, por lo que no existía una noticia fácilmente localizable que permitiera relacionarla con un lugar y una fecha.

La pista decisiva apareció al reconstruir la propia historia material de la fotografía. El fotógrafo Murray Close recordó que la imagen procedía de la antigua Hulton Picture Library. Tras nuevas búsquedas, Matthew Butson, responsable de los archivos de Getty Images, localizó finalmente el 1 de abril de 2025 el negativo original sobre placa de vidrio.

La fotografía había sido hecha con negativo fotográfico sobre placa de vidrio, una tecnología habitual entre los fotógrafos profesionales y las grandes agencias de prensa de comienzos del siglo XX. Las placas de vidrio ofrecían negativos de extraordinaria definición, pero eran objetos físicos pesados, frágiles y difíciles de almacenar. Aquella placa pasó a formar parte de los archivos de la Topical Press Agency, una importante agencia fotográfica británica fundada a comienzos del siglo XX que documentó durante décadas acontecimientos políticos, conflictos, ceremonias, deportes, espectáculos y escenas de la vida cotidiana.

La conservación del negativo original acabaría vinculada a una de las mayores aventuras archivísticas de la historia de la fotografía británica: la formación del Hulton Picture Library. Su origen se encuentra en la revista ilustrada británica Picture Post, fundada en 1938. Durante sus años de existencia, la publicación reunió un enorme archivo fotográfico procedente tanto de sus propios reporteros como de colecciones y agencias anteriores.

Pese a que Picture Post dejó de publicarse en 1957, aquel inmenso patrimonio visual no desapareció. Durante las décadas siguientes se incorporaron numerosas colecciones históricas y fondos procedentes de agencias fotográficas. Entre aquellos materiales terminaron integrándose los negativos de la antigua Topical Press Agency. En 1996, Getty Images adquirió la colección Hulton, que posteriormente sería conocida como Hulton Archive, que inició un enorme proceso de catalogación, conservación y digitalización de sus fondos históricos.

El hallazgo de la placa permitió llegar hasta la documentación original de la agencia. El antiguo day book, el libro donde se registraban diariamente los trabajos realizados por los fotógrafos, conservaba la información que se había perdido durante más de un siglo. Gracias a ese registro pudo establecerse definitivamente que la fotografía había sido tomada el 14 de febrero de 1921 en los Empress Rooms del Royal Palace Hotel de Kensington, Londres, durante un baile de San Valentín y una competición de baile de salón. Aquella noche la Topical Press Agency realizó cuatro fotografías a cargo de un fotógrafo identificado como Morey.

El registro contenía además una sorpresa fundamental para entender por qué había resultado tan difícil reconstruir la historia. Santos Casani no aparecía con ese nombre, sino como Golman. En febrero de 1921 todavía era John Golman; aunque poco después comenzaría a utilizar profesionalmente el nombre de Santos Casani, no formalizaría legalmente el cambio hasta años más tarde. Buscar exclusivamente su nombre posterior había hecho prácticamente invisible su presencia en los documentos contemporáneos.

La investigación permitió también comprender detalles que habían permanecido ante nuestros ojos durante décadas. Los corazones que algunos asistentes llevan sobre la ropa, los adornos y otros elementos festivos responden precisamente a la celebración de San Valentín. Casani tampoco era todavía la celebridad en la que se convertiría posteriormente: había abandonado definitivamente el hospital apenas unos meses antes y comenzaba a abrirse camino en el mundo profesional del baile.

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Two couples at a St. Valentine’s dance and ballroom dancing competition at the Empress Rooms at the Royal Palace Hotel, Kensington, London, 14th February 1921. (Photo by Morey/Topical Press Agency/Hulton Archive/Getty Images)

Más de un siglo después, la imagen conserva algo extraordinario: un instante de la vida nocturna londinense apenas tres años después del final de la Primera Guerra Mundial. Decenas de hombres y mujeres, vestidos para una ocasión especial, se agrupan ante la cámara. Algunos sonríen abiertamente, otros mantienen la compostura exigida por las fotografías formales de la época. En primera fila, un hombre extiende los brazos hacia sus compañeros mientras mira directamente al objetivo.

Pero para comprender realmente la imagen hay que regresar al Londres de 1921. La ciudad estaba saliendo de uno de los periodos más traumáticos de su historia reciente. La Primera Guerra Mundial había terminado en noviembre de 1918 dejando cientos de miles de británicos muertos, heridos o desaparecidos. A aquella tragedia se había sumado la pandemia de gripe de 1918-1920. Tras años de guerra, restricciones, pérdidas y duelo, la sociedad británica comenzó lentamente a recuperar sus espacios de ocio.

Los salones de baile volvieron a llenarse. La música, el baile y las reuniones sociales adquirieron una importancia extraordinaria en aquella nueva década. El jazz comenzaba a transformar la cultura popular europea y nuevas formas de bailar desafiaban progresivamente las rígidas convenciones sociales heredadas de la época victoriana y eduardiana. El baile se estaba convirtiendo en una expresión de modernidad.

Breve Historia Desconocida: La fotografía de El Resplandor
Couples at a St. Valentine’s dance and ballroom dancing competition at the Empress Rooms at the Royal Palace Hotel, Kensington, London, 14th February 1921. Among the group are Kate Brenda Holberton, Lady Muir Mackenzie (standing, centre, right) and members of the judging panel: writer on dancing Phillip John Sampey Richardson (Phillip J. S. Richardson, standing, third from left), actor, playwright and theatre impresario, George Grossmith Jr. (standing, centre, left), Francis Dudley Leigh, 3rd Baron Leigh (standing, fourth from right), actress and singer Heather Thatcher (seated far left) and dancer and choreographer Phyllis Bedells (seated, second from right). The competition was organized by dance teacher Belle Harding (seated, second from left). (Photo by Morey/Topical Press Agency/Hulton Archive/Getty Images)

Situados dentro del Royal Palace Hotel de Kensington, donde había amplios espacios destinados a bailes, banquetes, competiciones y acontecimientos sociales. El hotel, construido a finales del siglo XIX frente a Kensington Gardens, pertenecía a aquella generación de grandes establecimientos londinenses concebidos no solamente como lugares donde alojarse, sino también como centros de sociabilidad. El Royal Palace Hotel fue demolido a comienzos de la década de 1960 y el paisaje urbano de Kensington cambió profundamente. En el lugar donde se encontraba aquel complejo hotelero se levanta actualmente el Royal Garden Hotel.

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Aurora boreal desde diversas regiones de Rusia

Aurora boreal desde diversas regiones de Rusia

Durante este mes de Noviembre ha habido un potente destello solar, la Tierra ha experimentado varios días de tormenta magnética. La aurora boreal fue visible en numerosas regiones de Rusia.

Las tormentas solares se originan cuando el Sol libera una eyección de masa coronal (CME), que es una enorme nube de plasma cargado eléctricamente que viaja a millones de kilómetros por hora. Cuando ese material llega a la Tierra, interactúa con la magnetosfera y provoca alteraciones en el campo magnético.

Aurora boreal desde diversas regiones de Rusia
Aurora boreal desde diversas regiones de Rusia
Aurora boreal desde diversas regiones de Rusia
Aurora boreal desde diversas regiones de Rusia

Osos polares en Chukotka

Osos polares en la estación meteorológica soviética en Chukotka

La estación meteorológica soviética de Chukotka se encuentra en la Isla Kolyuchin, fue construida en 1932 y abandonada en la década de 1990, mucho antes del colapso de la URSS. Este lugar se ha hecho famoso por ser hogar de una importante colonia de osos polares, que han ocupado los edificios abandonados. Los osos polares han encontrado refugio y se han adaptado a las estructuras, convirtiéndolas en sus nuevos hogares y descansando entre los edificios. El lugar se hizo popular en 2021 gracias a las fotografías y videos tomados por el fotógrafo ruso de vida salvaje Dmitry Kokh, quien descubrió la colonia de osos polares de forma inesperada. 

«Vimos algo de movimiento en la isla, sacamos nuestros binoculares y vimos osos polares rondando por allí, muchos, quizás unos 15 o 20. Nos sorprendió muchísimo porque nunca imaginamos encontrarnos con osos polares tan al sur», recordó Kokh.

El fotógrafo submarino y de vida salvaje ruso Dmitry Kokh tenía previsto fotografiar la fauna de la zona, en especial osos polares en la isla de Wrangel, pero se encontraron con que los plantígrados no hicieron acto de presencia. Sin embargo, al pasar cerca de la isla de Kolyuchin detectaron movimiento en las ventanas de las casas abandonadas. Al acercarse, descubrieron que un grupo de osos habían convertido la antigua estación meteorológica en su refugio.

El bloguero de viajes Vadim Makhorov capturó las imágenes en la isla Kolyuchin, donde estos osos polares no reciben bien a los visitantes: uno de ellos intentó atrapar el dron con el que fueron tomadas las fotografías. Otros observaron lo sucedido con gran interés. Según Májorov, los osos polares se sienten especialmente cómodos allí durante la lluvia y el viento fuerte.

Osos polares en Chukotka @makhorov/Handout vía REUTERS
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Osos polares en Chukotka @makhorov/Handout vía REUTERS
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Osos polares en Chukotka @makhorov/Handout vía REUTERS
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Breve Historia Desconocida: Maksim, el Último Gato de Leningrado.

Maksim, el Último Gato de Leningrado.

Durante la Segunda Guerra Mundial o Gran Guerra Patria, en el corazón helado del invierno de 1941, cuando la ciudad de Leningrado (actual San Petersburgo) se convirtió en una prisión de hielo, hambre y muerte, el destino de un pequeño gato llamado Maksim emergió como símbolo inesperado de resistencia y ternura.

Mientras los proyectiles caían, la gente moría de inanición y los animales desaparecían del paisaje urbano, el pequeño Maksim sobrevivía. Este gato, delgado y gris, no sólo vivió el asedio más largo y mortal de la historia moderna, sino que lo hizo ofreciendo a sus humanos algo más valioso que comida: esperanza.

El sitio de Leningrado, comenzó el 8 de septiembre de 1941 y el 27 enero de 1944, lo que suponen 2 años, 4 meses y 19 días, fue una de las operaciones más brutales de la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas de la alemana nazi, con apoyo finlandés, rodearon completamente la ciudad, cortando todos los suministros de alimentos, energía y medicinas. Casi tres millones de personas quedaron atrapadas, incluyendo más de 400.000 niños.

Breve Historia Desconocida: Maksim, el Último Gato de Leningrado.
Ciudadanos de Leningrado abandonando sus hogares drestrozado por los bombardeos Nazi
RIA Novosti archive CC BY-SA 3.0

A medida que avanzaba el bloqueo, los alimentos se iban agotando. Las raciones diarias bajaron a niveles inhumanos: 125 gramos de pan al día para los trabajadores no manuales. Se fabricaba pan con serrín y celulosa. La gente comía pegamento, cuero hervido, pasta de papel. La muerte por inanición era constante, y el canibalismo dejó de ser un tabú para convertirse en una pesadilla inevitable.

Cuando comenzó el asedio la población no estaba dispuesta a comerse a los gatos, pero según pasaban los meses y el hambre se hacía más atroz, se comenzaren a cazar los gatos. En medio de este infierno, los gatos —fuente potencial de carne— desaparecieron de la ciudad, convirtiéndose con el tiempo en un apreciado manjar.

Los gatos, antaño omnipresentes en los callejones y patios de Leningrado, fueron poco a poco cazados y comidos, por pura necesidad. El resultado fue una segunda tragedia para los sitiados: sin gatos, la ciudad cayó bajo el dominio de las ratas. Estas hordas de roedores, sin depredadores naturales, se multiplicaron descontroladamente, infestando almacenes, hogares y hospitales.

Comían lo poco que quedaba de alimento humano, pero también invadían ataúdes y contaminaban reservas de grano. Atacaban a las personas mientras dormían mordisqueándoles la cara y hasta arrancando parte de la carne, convirtiéndose en un problema de salud pública tan grave como la hambruna misma provocada por los nazis.

Breve Historia Desconocida: Maksim, el Último Gato de Leningrado.

En este contexto desesperado, aparece la figura de Maksim, un gato doméstico que, de algún modo, sobrevivió al sitio. La historia fue registrada por Vera Vologdina, quien vivió junto a su madre y su tío en Leningrado durante el asedio. El gato Maksim nació en 1937 en la familia de Vera Nikoláyevna Vologdina en la calle Bolshaya Podyacheskaya, era el gato de la familia, y su supervivencia fue casi milagrosa.

En lugar de vivir la vida despreocupada y bien alimentada de un gato doméstico, Maksim tenía hambre y estaba desnutrido, y pasaba mucho tiempo en una habitación con poca calefacción. No se le permitió salir para protegerlo de miradas codiciosas y hambrientas de los vecinos. Además, lo encerraron bajo llave, para evitar que el tío de Vera accediera al animal, quien todos los días casi con los puños exigía que se comieran al gato. Su historia fue recuperada en los años posteriores como una rareza: una anomalía afectiva en medio del desastre.

Allí, en una cámara fría, un loro llamado Jaconya pasó sus días difíciles con él, quien se alejó completamente del hambre y se quedó callado. Para alimentar al pájaro, Vologda cambió un arma por un puñado de semillas de girasol. El gato Maksim, cuyo pelaje se le había caído a mechones y no le habían quitaron las garras, una vez subió a la jaula del loro, pero no para comer, sino para calentar al pájaro moribundo con su calidez.

Esta imagen impresionó tanto a todos que tuvo tal efecto en mi tío que dejó de acosar al gato. El loro Jaconya no pudo sobrevivir a la hambruna. Murió unos días después. Y el gato Maksim sobrevivió, convirtiéndose en un símbolo y parte de la historia de la ciudad sitiada.

Breve Historia Desconocida: Maksim, el Último Gato de Leningrado.
Vera Vologdina con Maksim.

Lo que salvó a Maksim no fue la suerte, sino el amor. Según el testimonio de Vera, su tío, al borde del hambre, propuso comerse al gato más de una ocasión. La madre se negó. Lo protegieron. Maksim permanecía en una habitación cerrada cuando salían, lo alimentaban como podían y lo trataban como un miembro más de la familia.

El caso de Maksim fue una excepción. La mayoría de gatos perecieron o desaparecieron. Cuando terminó el sitio, Maksim se convirtió en una celebridad local, cuando la vida empezó a mejorar, la leyenda de Maksim se extendió por toda la ciudad. ¡Los habitantes de Leningrado fueron a presenciar el extravagante milagro de un gato vivo!

Pero tras la liberación parcial de Leningrado en 1943, las autoridades soviéticas entendieron que la falta de gatos era un problema real. Las ratas habían invadido hospitales, escuelas, panaderías, archivos y almacenes de trigo. La solución fue tan pragmática como inusual: se enviaron trenes cargados de gatos desde otras regiones del país, para salvar a Leningrado de los voraces roedores.

Algunos de los gatos fueron liberados inmediatamente en la estación mientras que otros fueron distribuidos a los residentes. Para meter un gato en casa, la gente estaba dispuesta a pagar 500 rublos (se vendía a mano un kilogramo de pan por 50 rublos, el salario del vigilante era de 120 rublos). Incluso después de la victoria, los familiares de Leningrado enviaron no sólo comida y ropa, sino también gatos de otras ciudades de la URSS.

Cuando la situación en la ciudad se estabilizó se produjo un nuevo envío de gatos, esta vez de Siberia, específicamente para proteger las valiosas obras de arte del Hermitage y otros palacios y museos. El más famoso de estos transportes trajo cuatro vagones de gatos ahumados —una variedad rusa de pelaje gris, reconocida por su instinto cazador— que fueron distribuidos entre instituciones públicas y hogares.

Cuenta la leyenda que los gatos de Kazán eran brillantes cazadores de ratones. En 1745, la emperatriz rusa Isabel I encargó 300 gatos, que se convirtieron en su guardia peluda y protegían su habitación de los roedores. Se cree que la estirpe de estos felinos sobrevive hoy en día en los gatos que viven en el Museo del Hermitage de San Petersburgo.

Estos gatos se convirtieron en héroes silenciosos. No sólo acabaron con la plaga de ratas en pocos meses, sino que también restauraron algo intangible: la sensación de normalidad, de vida cotidiana. Volver a ver un gato durmiendo en un alféizar era, para muchos leningradenses, señal de que la vida podía continuar.

Breve Historia Desconocida: Maksim, el Último Gato de Leningrado.
Yeliséi, en las calles de San Petersburgo. Foto Andréi Rumiántsev

La contribución de los gatos al renacimiento de la ciudad no fue olvidada. En el año 2000, San Petersburgo inauguró dos monumentos dedicados a ellos: Yelisey y Vasilisa, dos gatos de bronce emplazados en la calle Malaya Sadovaya y en la cornisa del edificio número 3 de la ciudad. Yelisey mira altivamente hacia abajo, vigilando la calle como si buscara ratas; Vasilisa, en el edificio de enfrente, parece ronronear bajo el sol invisible del norte.

Estos gatos de bronce no son simplemente decoración: son parte del mito urbano. Se dice que quien logra lanzar una moneda que quede sobre uno de los pedestales recibirá buena suerte. Más allá de la superstición, ambos monumentos representan un reconocimiento público a los animales que contribuyeron a salvar a la ciudad.

Breve Historia Desconocida: Maksim, el Último Gato de Leningrado.
Vasilisa

El caso de Maksim nos recuerda algo esencial sobre la guerra: que no sólo se libró entre ejércitos, sino también en las cocinas, en las camas, en las jaulas de loros y debajo de las mantas. La supervivencia fue, en muchos casos, un acto de obstinación amorosa. Proteger a un gato mientras uno mismo muere de hambre es, en cierto modo, un acto de rebeldía: decir que uno todavía tiene alma.

En la historia oficial del sitio de Leningrado, hay poco espacio para los gatos. La épica soviética prefirió destacar los sacrificios humanos, los logros del Ejército Rojo, la resistencia del pueblo. Sin embargo, entre las grietas de esa narrativa, aparecen figuras como Maksim: silenciosas, peludas, persistentes. Seres que no combatieron, pero sobrevivieron. Y en su supervivencia, nos recuerdan que la ternura también puede ser heroica.

Hoy, cuando se piensa en el sitio de Leningrado, se habla de cifras: más de un millón de muertos, tres inviernos sin comida, 872 días de infierno. Pero detrás de cada cifra hay historias individuales. Algunas heroicas, otras desgarradoras. Y algunas, como la de Maksim, profundamente humanas.

Su historia no es sólo una anécdota con animales. Es una ventana hacia una dimensión íntima de la guerra: la del hogar que resiste. Maksim no salvó a nadie de morir, no cazó ratas, no contribuyó a la liberación de la ciudad. Pero fue salvado. Y ese simple acto —salvar a un animal cuando el mundo se desmorona— es también una forma de preservar lo mejor de nosotros.

En tiempos donde la deshumanización parecía total, donde incluso comer carne de gato era considerado una necesidad, alguien decidió que no, que no lo haría, que protegería a ese ser pequeño aunque no ofreciera nada a cambio. Ese gesto vale tanto como una victoria militar.

El último gato del sitio de Leningrado murió en 1957, veinte años después de que se iniciara uno de los horrores más prolongados del siglo XX. Maksim nunca llegó a ser enterrado con honores, niembalsamado. Pero su memoria, conservada en testimonios como el de Vera Vologdina, sigue viva.

Hoy, mientras millones de gatos duermen tranquilamente en hogares de todo el mundo, vale la pena recordar que uno de ellos, alguna vez, vivió y sobrevivió entre el fuego y el hielo de una ciudad asediada. Y que su existencia, contra toda probabilidad, fue un pequeño milagro de compasión humana.

Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.

Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales

El mundo despide a Oliverio Toscani (Milán, 28 de febrero de 1942- Cecina, 13 de enero de 2025), un artista que no solo creó imágenes, sino que generó diálogos en una época donde hacerlo no te llevaba a ser cancelado.

Toscani deja un legado imborrable en el universo de la fotografía y la comunicación visual. Su trabajo trascendió fronteras y desafío cómodas nociones de lo aceptable, convirtiéndolo en una figura icónica del siglo XX.

Toscani fue mucho más que un fotógrafo; fue un provocador, un pensador y un narrador. Conocido por su revolucionario enfoque en la publicidad, especialmente como director creativo de Benetton, llevó la publicidad a un nivel sin precedentes. Las campañas que diseñó no solo promocionaron productos, sino que también confrontaron al público con las realidades de temas sociales como el racismo, el VIH/SIDA, la guerra y la desigualdad.

¿Quién puede olvidar las controversiales imágenes de un cura y una monja besándose, o el estremecedor retrato de un hombre moribundo rodeado de su familia? Cada imagen fue un espejo que nos obligó a cuestionar nuestras creencias y nuestra humanidad.

A lo largo de su carrera, Toscani demostró un dominio magistral del arte visual. Su sensibilidad artística y su compromiso con los derechos humanos le valieron reconocimientos internacionales, pero también generaron polémica. Nunca temió enfrentar las críticas porque comprendía que el verdadero cambio no nace de la comodidad, sino del impacto.

Su influencia se extendió más allá de las campañas publicitarias. Oliverio Toscani también fue un defensor apasionado de la educación y la experimentación artística. Fundó la escuela de comunicación visual Fabrica, un espacio dedicado a fomentar el talento joven y la innovación creativa. Para Toscani, el arte y la comunicación eran herramientas de transformación social, y su legado vive en cada estudiante que pasó por las puertas de Fabrica.

Oliverio Toscani nos enseñó que la fotografía es mucho más que una mera captura de luz y sombra; es una herramienta poderosa para revelar verdades, provocar reflexiones y construir puentes entre mundos aparentemente inconciliables.

En sus propias palabras: “La creatividad no es un don, es una responsabilidad”. Hoy, mientras reflexionamos sobre su vida, recordamos esa responsabilidad que nos dejó como herencia de una época en la que se podía publicar contenido sin que sea reprobado por elementos radicales de la sociedad.

Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.
Obituario: Oliverio Toscani, el visionario de las emociones visuales.

Fin de la noche polar

Fin de la noche polar. Habitantes de la ciudad de Múrmansk presenciaron el primer amanecer después del fin de la noche polar en el Ártico ruso.

Habitantes de la ciudad de Múrmansk presenciaron el primer amanecer después del fin de la noche polar en el Ártico ruso.

Los primeros rayos de sol se pudieron divisar alrededor de las 12:29, hora local, y la luz del día duró poco menos de una hora. Múrmansk es la mayor urbe del mundo al norte del círculo polar ártico.

Habitantes de la ciudad de Múrmansk presenciaron el primer amanecer después del fin de la noche polar en el Ártico ruso.

Habitantes de la ciudad de Múrmansk presenciaron el primer amanecer después del fin de la noche polar en el Ártico ruso.

Habitantes de la ciudad de Múrmansk presenciaron el primer amanecer después del fin de la noche polar en el Ártico ruso.

Fotos: Lev Fedoséyev/TASS

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Detrás de las Cámaras: Cazafantasmas (1984)

Producida y dirigida por Ivan Reitman, fue nominada a los premios Oscars con dos nominaciones en Efectos Especiales y Canción original (que luego resultó no ser tan original como se pensaba). El trabajo de efecto recayó en Richard Edlund y su equipo, quienes trabajaron sobre los diseños de Berni Wrightson.