El resplandor (1980) Stanley Kubrick finaliza la película con la inquietante escena final, la cámara se aproxima lentamente a una fotografía del baile celebrado el 4 de julio de 1921 del Hotel Overlook. En el centro aparece Jack Torrance, interpretado por Jack Nicholson, sonriendo entre una multitud de asistentes.
Cuando Stanley Kubrick preparaba El resplandor a finales de los años setenta, necesitaba una imagen muy concreta para cerrar la película. En lugar de organizar una sesión fotográfica con actores y figurantes vestidos de época, Kubrick decidió partir de una fotografía histórica auténtica.
La imagen elegida mostraba a decenas de personas elegantemente vestidas durante un baile celebrado en Londres en los años veinte. Kubrick conocía bien el valor visual de las fotografías históricas y había trabajado extensamente con archivos iconográficos durante la preparación de sus películas. Una fotografía auténtica proporcionaba algo difícil de reproducir artificialmente: la disposición espontánea de los cuerpos, los rostros, la iluminación y, sobre todo, la textura visual de una verdadera fotografía social de comienzos del siglo XX.
Pero todavía faltaba un pequeño detalle había que introducir al actor Jack Nicholson en la composición de la fotografía. La transformación se realizó mediante un fotomontaje. El rostro original de uno de los asistentes fue sustituido por el de Jack Nicholson, mientras se conservó su cuerpo, su postura y prácticamente toda la composición histórica. También se modificaron determinados elementos de la imagen para integrarla en la ficción del Hotel Overlook y convertir aquella image de un baile real en el supuesto Overlook Hotel, July 4th Ball, 1921.

Imagen que aparece al final de la cinta de El Resplandor (1980) Stanley Kubrick
Durante décadas se desconoció el origen exacto de una célebre fotografía, se sabía que correspondía a un gran baile celebrado en Londres durante los años veinte. Se sabía que era una imagen auténtica de la época, pero habían desaparecido de su historia datos fundamentales: quiénes eran aquellas personas, dónde se había tomado y qué acontecimiento había reunido a aquella multitud ante la cámara.
Más de un siglo después, una investigación emprendida por Alasdair Spark, con la colaboración durante buena parte de la búsqueda de Aric Toler, periodista de Visual Investigations de The New York Times, consiguió reconstruir su procedencia.
La investigación comenzó intentando identificar al hombre situado en el centro de la fotografía. Los primeros resultados obtenidos mediante reconocimiento facial apuntaron hacia Santos Casani, un conocido bailarín, profesor de baile y empresario de la vida nocturna londinense de los años veinte y treinta. La investigación biográfica permitió descubrir que Casani había utilizado anteriormente el nombre de John Golman.

Mucho antes de convertirse en Santos Casani, el hombre que llegaría a ser uno de los personajes más reconocibles del mundo del baile londinense de entreguerras tuvo varios nombres y, en cierto modo, varias vidas. Nació el 14 de abril de 1893 como Joseph Zisling, en Baranavichy —entonces Baranowitz, dentro del Imperio ruso y actualmente en Bielorrusia—, en el seno de una familia judía encabezada por el rabino Zvi Menachem Zisling y Esther Kaplan. Uno de sus hermanos, Aharon Zisling, seguiría un camino completamente distinto y acabaría convirtiéndose décadas después en una figura importante del nacimiento del Estado de Israel y en su primer ministro de Agricultura. Joseph, sin embargo, abandonó muy joven Europa oriental y comenzó una existencia marcada desde el principio por los desplazamientos y los cambios de identidad.

Hacia 1908 o 1909, siendo todavía adolescente, fue enviado al Transvaal, en Sudáfrica, donde trabajó para un tío suyo que tenía un negocio de vinos y licores en Krugersdorp. Allí comenzó también la complicada historia de sus nombres.
En distintos documentos aparece como Joseph Goldman, Joe Goldman, John Goldman y finalmente John Golman. Estas variaciones no fueron un detalle menor: décadas más tarde, cuando solicitó la nacionalidad británica, las autoridades del Home Office tuvieron serias dificultades para reconstruir quién era exactamente aquel hombre que había vivido bajo diferentes identidades y ofrecía versiones contradictorias incluso sobre su propio lugar de nacimiento.
La guerra terminó por llevarlo hasta Gran Bretaña. Después de una primera experiencia militar en África austral, sirvió en las fuerzas británicas y acabó vinculado al Royal Flying Corps y posteriormente a la recién creada Royal Air Force bajo el nombre de John Golman. Su vida cambió radicalmente el 10 de octubre de 1919. Mientras estaba destinado en RAF Leuchars, en Escocia, sufrió un grave accidente aéreo.
Sobrevivió, pero padeció quemaduras y severas lesiones en la cabeza y el rostro, incluyendo fracturas craneales y nasales. Pasó aproximadamente un año entrando y saliendo de hospitales militares, especialmente RAF Finchley, y fue sometido a cirugía reconstructiva en una época en la que la reconstrucción facial moderna apenas comenzaba a desarrollarse como consecuencia de las terribles heridas producidas por la Primera Guerra Mundial.
Su nariz tuvo que ser reconstruida en gran medida y las lesiones dejaron señales permanentes en su rostro. Cuando abandonó el servicio activo a finales de 1920 recibió una pensión por discapacidad del 40 %. Tenía veintisiete años y debía reconstruir no solamente su apariencia, sino también su vida. Lo sorprendente es el camino que eligió: comenzó a practicar judo y se introdujo en el mundo del baile.
A finales de 1921 comenzó a utilizar profesionalmente un nombre mucho más teatral: Santos Casani. Todo indica que comprendió perfectamente algo esencial del mundo del espectáculo: un bailarín profesional necesitaba no solo saber bailar, sino construir un personaje reconocible. En 1925 terminó formalizando el cambio de nombre y John Golman fue desapareciendo progresivamente de la vida pública. Muy pronto se convirtió en un conocido profesor y bailarín de salón en Londres.

Durante los años veinte Casani se convirtió en una figura cada vez más conocida del baile de salón británico. Su gran compañera artística fue Jose Lennard, con quien formó desde aproximadamente 1923 una pareja profesional especializada en exhibiciones y demostraciones. Ambos comprendieron muy pronto el enorme potencial de los nuevos medios de comunicación. No se limitaron a enseñar en academias: aparecieron ante las cámaras de los noticiarios cinematográficos enseñando al público los bailes que estaban de moda.
De todas sus acciones publicitarias, ninguna representa mejor su personalidad que la célebre exhibición en la que Casani y Lennard bailaron el Charleston sobre el techo de un taxi londinense en movimiento. La escena fue filmada y se convirtió en una de esas imágenes que todavía hoy aparecen ocasionalmente en documentales sobre los “felices años veinte”. El número tenía algo de clase de baile, algo de espectáculo circense y mucho de publicidad. Casani entendía perfectamente que para vender el baile había que convertirlo en noticia.
No era simplemente un bailarín extravagante. También fue un importante divulgador de la transformación que estaba experimentando el baile social británico. Publicó manuales destinados a enseñar a bailar sin necesidad de acudir constantemente a un profesor, entre ellos Casani’s Self-Tutor of Ballroom Dancing, publicado en 1927, y posteriormente Casani’s Home Teacher: Ballroom Dancing Made Easy, de 1936. Su actividad coincidió con una época en la que el baile de salón se estaba estandarizando y profesionalizando, mientras ritmos procedentes de Estados Unidos modificaban profundamente las costumbres de ocio europeas.
Casani convirtió progresivamente su nombre en una marca. Dirigió una importante escuela de baile, primero en Knightsbridge y después en Regent Street, una de las direcciones comerciales más prestigiosas de Londres. Su gran proyecto llegó en 1933 con la apertura del Casani Club, en Imperial House, Regent Street. No era únicamente una academia, sino un sofisticado espacio de ocio donde se mezclaban baile, música, restauración y vida social.
El club quedó relacionado con algunos nombres importantes de la música popular británica. Casani contrató al pianista y director de orquesta Charlie Kunz, cuya popularidad aumentó enormemente gracias, entre otras cosas, a las emisiones radiofónicas realizadas desde el establecimiento. Por aquel ambiente pasó también una jovencísima Vera Lynn, mucho antes de convertirse durante la Segunda Guerra Mundial en una de las voces más queridas de Gran Bretaña. Casani no era ya simplemente alguien que enseñaba pasos de baile: se había convertido en empresario, promotor y mediador entre músicos, bailarines, radio y público.
Pero su ambición empresarial terminó superando sus posibilidades económicas. Se involucró también en proyectos relacionados con Firbeck Hall, en Yorkshire, y la expansión de sus negocios acabó provocando graves dificultades financieras. En 1938 fue declarado en bancarrota. El hombre que había convertido su nombre en sinónimo de elegancia, baile y vida nocturna londinense había perdido buena parte de aquello que había construido.
Casani regresó al servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, esta vez en el Royal Army Service Corps. Su carrera militar resulta tan peculiar como el resto de su vida, porque terminó aplicando precisamente aquello que había aprendido en los salones de baile a una necesidad completamente diferente: mantener la moral de los soldados. Organizó actividades recreativas, bailes y espectáculos para las tropas y terminó destinado en India y el sudeste asiático. Una de las iniciativas asociadas a su trabajo fue el llamado “Butlin Ballet”, un conjunto de entretenimiento destinado a ofrecer espectáculos a los militares. Al finalizar su servicio había alcanzado el rango de teniente coronel, una transformación extraordinaria para alguien cuya imagen pública anterior había sido la de un extravagante maestro de Charleston.

Después de la guerra intentó trasladar aquella experiencia al mundo civil. Participó en proyectos relacionados con la rehabilitación y el ocio de los veteranos y colaboró durante un tiempo con el universo de los campamentos vacacionales de Billy Butlin, defendiendo la importancia del entretenimiento organizado y las actividades recreativas. Sin embargo, sus problemas económicos regresaron y en 1951 volvió a declararse en bancarrota.
Ese mismo año se casó con Joan Winifred Tilney, una mujer que también llevaba físicamente las consecuencias de la guerra: había perdido una pierna durante el Blitz. La pareja se hizo relativamente conocida en determinados círculos sociales londinenses durante los años cincuenta y sesenta y protagonizó algunas pequeñas historias recogidas por la prensa. Una de las más curiosas tenía como protagonista a su periquito, Poochi, que los acompañaba habitualmente. En 1961 la prensa llegó a publicar una historia sobre el ave bajo un título que podría traducirse como “Un martini para el periquito”, muestra del carácter excéntrico con el que la pareja era presentada en las páginas sociales.
También su relación con las autoridades británicas produjo episodios singulares. Casani había pasado gran parte de su vida reinventando su identidad y ofreciendo versiones poco consistentes sobre sus orígenes. Durante su proceso de naturalización afirmó haber nacido en Krugersdorp, Sudáfrica, algo que las propias autoridades sudafricanas negaron. El Home Office tuvo que investigar su pasado, sus distintos nombres y sus movimientos entre Rusia, África y Gran Bretaña. Finalmente obtuvo la ciudadanía británica en 1950, pero la cuestión de su lugar de nacimiento resultó suficientemente problemática como para que sus documentos oficiales evitaran consignarlo de manera convencional.
Santos Casani murió en Londres el 11 de septiembre de 1983, a los noventa años. Su esposa Joan murió seis años después. Para entonces, el mundo que lo había hecho famoso prácticamente había desaparecido. Los grandes salones de baile de entreguerras habían perdido su centralidad, el Casani Club pertenecía al pasado y su nombre era conocido principalmente por especialistas en la historia del baile y por aficionados a antiguas filmaciones británicas.

Volviendo al tema de la historia de la fotografía, sin embargo, identificar al protagonista no resolvía el misterio principal. Durante meses se rastrearon hemerotecas y archivos fotográficos, se revisaron centenares de salones de baile, hoteles, teatros, restaurantes y locales relacionados con la trayectoria de Casani, pero ninguno coincidía con el escenario de la imagen. La búsqueda partía además de un problema inesperado: la fotografía nunca había sido publicada en la prensa de la época, por lo que no existía una noticia fácilmente localizable que permitiera relacionarla con un lugar y una fecha.
La pista decisiva apareció al reconstruir la propia historia material de la fotografía. El fotógrafo Murray Close recordó que la imagen procedía de la antigua Hulton Picture Library. Tras nuevas búsquedas, Matthew Butson, responsable de los archivos de Getty Images, localizó finalmente el 1 de abril de 2025 el negativo original sobre placa de vidrio.
La fotografía había sido hecha con negativo fotográfico sobre placa de vidrio, una tecnología habitual entre los fotógrafos profesionales y las grandes agencias de prensa de comienzos del siglo XX. Las placas de vidrio ofrecían negativos de extraordinaria definición, pero eran objetos físicos pesados, frágiles y difíciles de almacenar. Aquella placa pasó a formar parte de los archivos de la Topical Press Agency, una importante agencia fotográfica británica fundada a comienzos del siglo XX que documentó durante décadas acontecimientos políticos, conflictos, ceremonias, deportes, espectáculos y escenas de la vida cotidiana.
La conservación del negativo original acabaría vinculada a una de las mayores aventuras archivísticas de la historia de la fotografía británica: la formación del Hulton Picture Library. Su origen se encuentra en la revista ilustrada británica Picture Post, fundada en 1938. Durante sus años de existencia, la publicación reunió un enorme archivo fotográfico procedente tanto de sus propios reporteros como de colecciones y agencias anteriores.
Pese a que Picture Post dejó de publicarse en 1957, aquel inmenso patrimonio visual no desapareció. Durante las décadas siguientes se incorporaron numerosas colecciones históricas y fondos procedentes de agencias fotográficas. Entre aquellos materiales terminaron integrándose los negativos de la antigua Topical Press Agency. En 1996, Getty Images adquirió la colección Hulton, que posteriormente sería conocida como Hulton Archive, que inició un enorme proceso de catalogación, conservación y digitalización de sus fondos históricos.
El hallazgo de la placa permitió llegar hasta la documentación original de la agencia. El antiguo day book, el libro donde se registraban diariamente los trabajos realizados por los fotógrafos, conservaba la información que se había perdido durante más de un siglo. Gracias a ese registro pudo establecerse definitivamente que la fotografía había sido tomada el 14 de febrero de 1921 en los Empress Rooms del Royal Palace Hotel de Kensington, Londres, durante un baile de San Valentín y una competición de baile de salón. Aquella noche la Topical Press Agency realizó cuatro fotografías a cargo de un fotógrafo identificado como Morey.
El registro contenía además una sorpresa fundamental para entender por qué había resultado tan difícil reconstruir la historia. Santos Casani no aparecía con ese nombre, sino como Golman. En febrero de 1921 todavía era John Golman; aunque poco después comenzaría a utilizar profesionalmente el nombre de Santos Casani, no formalizaría legalmente el cambio hasta años más tarde. Buscar exclusivamente su nombre posterior había hecho prácticamente invisible su presencia en los documentos contemporáneos.
La investigación permitió también comprender detalles que habían permanecido ante nuestros ojos durante décadas. Los corazones que algunos asistentes llevan sobre la ropa, los adornos y otros elementos festivos responden precisamente a la celebración de San Valentín. Casani tampoco era todavía la celebridad en la que se convertiría posteriormente: había abandonado definitivamente el hospital apenas unos meses antes y comenzaba a abrirse camino en el mundo profesional del baile.

Más de un siglo después, la imagen conserva algo extraordinario: un instante de la vida nocturna londinense apenas tres años después del final de la Primera Guerra Mundial. Decenas de hombres y mujeres, vestidos para una ocasión especial, se agrupan ante la cámara. Algunos sonríen abiertamente, otros mantienen la compostura exigida por las fotografías formales de la época. En primera fila, un hombre extiende los brazos hacia sus compañeros mientras mira directamente al objetivo.
Pero para comprender realmente la imagen hay que regresar al Londres de 1921. La ciudad estaba saliendo de uno de los periodos más traumáticos de su historia reciente. La Primera Guerra Mundial había terminado en noviembre de 1918 dejando cientos de miles de británicos muertos, heridos o desaparecidos. A aquella tragedia se había sumado la pandemia de gripe de 1918-1920. Tras años de guerra, restricciones, pérdidas y duelo, la sociedad británica comenzó lentamente a recuperar sus espacios de ocio.
Los salones de baile volvieron a llenarse. La música, el baile y las reuniones sociales adquirieron una importancia extraordinaria en aquella nueva década. El jazz comenzaba a transformar la cultura popular europea y nuevas formas de bailar desafiaban progresivamente las rígidas convenciones sociales heredadas de la época victoriana y eduardiana. El baile se estaba convirtiendo en una expresión de modernidad.

Situados dentro del Royal Palace Hotel de Kensington, donde había amplios espacios destinados a bailes, banquetes, competiciones y acontecimientos sociales. El hotel, construido a finales del siglo XIX frente a Kensington Gardens, pertenecía a aquella generación de grandes establecimientos londinenses concebidos no solamente como lugares donde alojarse, sino también como centros de sociabilidad. El Royal Palace Hotel fue demolido a comienzos de la década de 1960 y el paisaje urbano de Kensington cambió profundamente. En el lugar donde se encontraba aquel complejo hotelero se levanta actualmente el Royal Garden Hotel.
