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Vademécum de Her Doktor: Fire a Ice. The Dragon Chronicles (2008)

Vademécum de Her Doktor: Fire a Ice. The Dragon Chronicles (2008)

Película filmada para la televisión. Es la primera producción de Media Pro Pictures que buscaba aprovechar la racha de éxitos de películas de temática fantástica en la pantalla grande, para crear un proyecto que iba más allá de la producción para televisión, desarrollando además un videojuego con el mismo nombre y una adaptación en novela escrita por Stelan Turlea, un famoso escritor de literatura juvenil de Rumania. Traducida en España como El dragón y la princesa.

Director: Pitof

Nacionalidad: Rumania

Vamos a ver… si hasta al director, Pitof, (realizador de la muy interesante “Vidocq” y del bodrio de “Catwoman”) le debió dar vergüenza y firmó con su nombre original no comercial, Jean C. Comar. Menudo fistro de película. Pitof confirma que está acabado.

La historia trata de un dragón-mantarraya que está todo el día en ascuas, que asola periódicamente un reino compuesto por cuatro componentes de la nobleza, veinte soldados y cien villanos; demografía perfecta para convertirse en el primer paraíso fiscal del medievo. Pero cuidado, que en este medievo los hermanos Lumière llegarían con sus truquitos con retraso por culpa de Gimli. Resulta que la princesa, hija de Imhotep, sale en busca de un antiguo héroe para poner remedio al susodicho problemilla incandescente, ya que, en caso contrario, ella misma será ofrecida como canapé.

Durante su búsqueda en el bosque al estilo “The Village”, se encuentra a Gimli y ambos son atacados, en una escena más que lamentable, por los hombres-hojarasca. Menos mal que acude en su ayuda el guaperas de turno que lanza cuchillos a “puñaos” que ya le hubiera gustado a Ángel Cristo contratarlo para su circo. Al poco, la princesa descubre que el lanzacuchillos es el hijo del héroe que buscaba, y que éste está muerto. Pero bueno, como aún queda mucho metraje de película por vomitar, el neo-héroe va al castillo de Imhotep a ver qué leches pasa y a probar una ballesta triple muy chula que tira inventillos de Gimli. A la vez hay una historia paralela en la que el rey Javivi, antagonista de Imhotep, que se quiere, subliminalmente, cepillar a la reina Imhotepa y quedarse con “tó”.

En este punto de la película, el espectador ya sabe a lo que se está enfrentando, y si sigue visionándola, que no diga luego que no se veía venir. Pues resulta que para matar al dragón-mantarraya de fuego lo mejor es sacar de su latencia al dragón-mantarraya de hielo que se las gasta igual que el otro. A partir de aquí, ya no hay historia, si no que se convierte en una metáfora de los créditos finales de Benny Hill en los que corretean la princesa, el neo-héroe, un traidor de la corte, y el dragón-mantarraya de hielo. La escena clímax en el acantilado, en la que el neo-héroe corretea al dragón-mantarraya de hielo llevando en su mano y lanzando al acantilado un canicazo de gasolina, es de las peores escenas que se pueden visionar considerando todos los aspectos técnicos, visuales, narrativos y diarreicos.

Técnicamente, salvo por el uso de la cámara en puntuales momentos, la película es una basura. Se nota que su director era un experto en efectos visuales, pero hasta el resultado de CGI es pobre. Si bien es cierto que los dragones están bastante bien hechos, los escenarios de exteriores y las escenas de acción son un verdadero truño. La iluminación es demasiado artificial y a menudo descuidada. El maquillaje es malísimo, pero malo, malo. Es antimaquillaje. Y ya, lo que es malo con dolor es el vestuario. No sé en qué estarían pensando para ataviar a todo el mundo con las mantillas que se usan para cubrir las mesas de los braseros. Eso sí, de todos los colores y estampados posibles. Ambientación medieval total.

Las interpretaciones… bueno… en general, los actorcillos de poca monta se defienden en algunos pasajes y en otros están simplemente patéticos. Gimli es el único que se salva. Y el que se lleva la palma por su malísima actuación es Arnold Vosloo, que interpreta al rey bueno, rectifico, que se supone que interpreta al rey bueno. Ya estaba sobreviviendo de telefilmes y series, y con este papel se ha garantizado su continuidad en ese sector. Adiós Pitof, adiós Arnold Vosloo.

Las armaduras… ¡pero qué mierda es esta! no sé qué decir, es indescriptible el nivel de cutrez. Mi padre le hizo una vez a mi hermano un escudo, para su disfraz de centurión o sarraceno (ahora no me acuerdo exactamente), pintando de plateado un tapacubos de un coche. Mi hermano lo paseó por Mahón sin problema, gloriosos ochenta. ¡Pues era mejor que las armaduras de esta película! Las armas no están tan mal en general, pero no sé para que las llevan si en los combates sólo se mueve la cámara de un lado a otro caóticamente y no se ve un simple choche de espadas. Los escenarios son escasos, pero hay que reconocer que el salón real está muy currado; aunque a veces se note el carton-piedra de los muretes.

En conclusión, “El dragón y la princesa” es una película irregular, en la que se pueden encontrar momentos aceptables de un minuto de duración total insertados en 84 minutos de basura.

Her Doktor